Diputado de Morena propone __________ (escriban sobre la línea la barbaridad que se les ocurra. Le van a atinar).

Los legisladores de Morena, el partido fundado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, han construido un método de distracción de la opinión pública a partir de la presentación de iniciativas lunáticas que finca sus bases en la posibilidad real de que se aprueben: son mayoría.

Así, de tanto en tanto, los legisladores, en la Cámara de Diputados, en el Senado o en alguna legislatura estatal, presentan propuestas para declarar el 1 de julio como el “Día de la Cuarta Transformación”; agregarle los apellidos de López Obrador al nombre oficial de Tabasco; castigar la investigación periodística que no se base en fuentes gubernamentales; que las mascotas sean consideradas sujetos (¿ciudadanos?) susceptibles de recibir herencias, o cambiarle el nombre al país.

Es un método de distracción, pero sobre todo es un método para el agotamiento. Fue construyéndose con prueba y error hasta pulir una dinámica de disparates que desgasta y provoca ruido suficiente para desviar la atención de la opinión pública y ocultar temas relevantes. Mientras unos —sobre todo legisladores sin carrera política que proteger— se encargan de los temas estrambóticos, otros —legisladores con suficiente coraza para aguantar el golpeteo político— cuelan las pequeñas grandes atrocidades contra libertades y derechos.

Seguirle la pista a las ideas descabelladas y denunciar su improcedencia se vuelve una tarea titánica y muy costosa para cualquier ejercicio de vigilancia del poder, ya sea de empresas de carácter periodístico, de la sociedad civil, de universidades o de grupos de oposición.

Entre los disparates de los legisladores —¿en serio: cerveza caliente contra el alcoholismo?— se ocultan otras propuestas diseñadas con mucho colmillo, como las iniciativas para controlar a la prensa a través de registros públicos y encuestas de credibilidad e impacto; para permitir a políticos y funcionarios enterrar su pasado y ocultar información que les perjudique restringiendo el uso de datos personales como sus nombres y apellidos, o para fusionar órganos reguladores en entidades light, con poco presupuesto y menos defensas para evitar su captura política.

A estas iniciativas llenas de astucia, propias de unos legisladores con espíritu autoritario que tensan la cuerda al límite, hay que sumar las intentonas de otras entidades vinculadas con Morena y con capacidad para imponer normas y criterios de cumplimiento obligatorio.

¿Recuerdan la normativa de la Secretaría de Energía que limita la generación y distribución de energía renovable? ¿O qué tal la propuesta de Hacienda para que el SAT pueda fotografiar el interior de los domicilios de los contribuyentes?

Pero basta una miradita al Olimpo de la 4T para distinguir el sello de la casa. López Obrador, en su ansiedad por ver cumplidas sus instrucciones de manera inmediata, no tiene reparos para emitir decretos y memorándums que legitimen, sin pasar por el Congreso, las acciones de vigilancia policial del Ejército y la Marina en ciudades, puertos y aduanas; el subsidio disfrazado que permite a televisoras y radiodifusoras evitar el impuesto en especie que les obliga constitucionalmente a entregar tiempos de transmisión al Estado; neutralizar o revertir artículos legislativos de la reforma educativa, o desmantelar la reforma energética para privilegiar a las empresas del Estado y dar prioridad a la producción de combustibles fósiles.

Y en medio tenemos la rifa simbólica del avión presidencial; la consulta para preguntar si se aplica la ley a expresidentes con cuentas pendientes o los perdonamos por gracia del pueblo, o la “ironía” del presidente sobre la posibilidad de que sus críticos en la prensa paguen un diezmo en compensación.

Vamos: la ley antimemes, la cárcel a los árbitros “vendidos” o el trabajo comunitario contra mujeres que practiquen el aborto ilegal no son invenciones de locos con iniciativas —literal—, sino estrategias bien diseñadas para desviar la atención. Son acciones coordinadas para crear cortinas de humo y cansar a contralores y adversarios. Y lo peor es que están funcionando. 

José Soto Galindo

Editor de El Economista en línea

Economicón

Periodista. Desde 2010 edita la versión digital de El Economista en la Ciudad de México. Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales por la Universidad de Guadalajara. Tiene especialización en derecho de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Su blog personal es Economicón.