El 2018 se ha caracterizado por ser un año volátil, derivado de las condiciones globales, llámese la incertidumbre comercial internacional, el futuro de los acuerdos de libre comercio, las cada vez más populares políticas proteccionistas presentadas en países externos, los conflictos geopolíticos, por mencionar algunos

Prueba de esto es que durante el I Trim 18, el principal indicador de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) perdió -3,229.6 puntos, esto es, una caída de -6.5%, para ubicarse en 46,124.9 puntos; con ello, alcanza así su nivel mínimo del trimestre, luego de haber tocado el máximo trimestral de 51,065.5 unidades a finales de enero (+3.5% desde el cierre de diciembre del 2017). La diferencia entre el nivel máximo y el mínimo es equivalente a 10.7 por ciento.

Dio inicio el segundo trimestre del año y la volatilidad no se detuvo; de manera secuencial, del cierre de marzo a junio, el principal indicador de la BMV recuperó +3.3%, al cerrar en 47,662.2 puntos, lo que dio como resultado una pérdida acumulada de -3.4% para el primer semestre del año, desde lo observado el 29 de diciembre del 2017.

En el II Trim 18, el máximo que registró el índice de la BMV fue de 49,090.7 unidades, el 18 de abril, en tanto que el mínimo se ubicó en 44,647.4, el 29 de mayo, equivalente a un spread, similar al observado en el I Trim 18 de 10.0 por ciento. De hecho, durante el último mes del trimestre, el 29 de mayo, cuando cerró en el nivel mínimo, al 29 de junio, la variación fue de +6.8 por ciento.

Asimismo, la volatilidad ha estado presente en el mercado cambiario. Durante los primeros tres meses del año, la moneda mexicana (para solventar obligaciones denominadas en USD del Banco de México) mostró una apreciación secuencial de 7.2%, cerrando marzo en P$18.3445, mientras que el spread del mínimo al máximo de ese trimestre fue de 7.7 por ciento.

En el II Trim 18, la historia cambia. El peso mexicano mostró una depreciación secuencial de 9.3%, de P$18.3445 por dólar observado el 30 de marzo, a P$20.0553 por dólar, el 29 de junio, al tiempo que el tipo de cambio mínimo de este periodo se ubicó en P$17.9787 por dólar, el 19 de abril, para después alcanzar un máximo de P$20.7160, el 19 de junio, que se traduce en un spread de 15.2 por ciento.

Sin embargo, de manera acumulada, durante los primeros seis meses del año, el tipo de cambio en nuestro país, únicamente ha mostrado una depreciación de 1.45%, de P$19.7687 por dólar, nivel en el que se encontraba el último día del 2017, a P$20.0553 el 29 de junio.

Y si pensábamos que la volatilidad había quedado atrás, el primer día del III Trim 18, nos demostró lo contrario. Durante el 2 de julio, el principal indicador de la BMV bajó -1,009.7 puntos (-2.1%), pérdida que al día siguiente se redujo sustancialmente, mientras que el tipo de cambio se ubicó en P$19.8633, lo que representó una apreciación de 1.0%; ambas variaciones desde el cierre del viernes pasado.

Lo cierto es que los mercados mexicanos, tanto el accionario como el cambiario, han respondido en mayor magnitud a eventos internacionales que a factores internos. Como se menciona previamente, el 18 de abril fue el mejor día del principal indicador de la BMV y un día después el tipo de cambio alcanzó su menor nivel y coincide justamente a cuando se tenía la expectativa de que se publicara un acuerdo preliminar sobre el TLCAN y una política monetaria menos agresiva por parte de la Reserva Federal.

Fundamentalmente, en los próximos días, tendremos la temporada de reportes financieros de las emisoras que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores, correspondientes al segundo trimestre del año; al tiempo que las negociaciones del TLCAN continuarían, aunque probablemente a un menor ritmo del que hemos venido observando. Adicionalmente, las preocupaciones en torno a las políticas comerciales a nivel global serán un factor determinante en la toma de decisiones de los inversionistas.

*Montserrat Araujo Nagore es analista en Interacciones Casa de Bolsa.