Muchas personas me contactan para preguntarme sobre inversiones. Por lo general se enfocan en una sola clase de activo: ¿es buen momento para comprar dólares? ¿qué opinas del oro? ¿vale la pena invertir en Bitcoin?

Es difícil dar respuestas concretas por varias razones. No conozco la situación financiera de estas personas, ni sus metas, ni su tolerancia al riesgo. Pero además, como hablamos en mi columna anterior, la diversificación es clave a la hora de invertir, porque es lo que nos ayuda a controlar el riesgo. Las personas deben dejar de pensar en términos de un solo instrumento (poner todos los huevos en la misma canasta), sino en construir portafolios que tengan distintas clases de activos, combinados de una manera adecuada e inteligente.

Lamentablemente vemos muchísimas personas que tienen su portafolio demasiado concentrado en sólo un tipo de activo. Por ejemplo aquellos que se dedican a comprar y rentar bienes raíces y concentran en esa actividad la totalidad de su patrimonio. 

A diferencia de lo que popularmente se cree, el mercado inmobiliario también tiene ciclos y el valor de los inmuebles no sube de manera constante. Sin embargo, como el precio de las casas no se cotiza todos los días en los mercados financieros, no es tan fácil verlo. La crisis financiera global del 2008 fue testigo del colapso del mercado inmobiliario en algunos países. La recuperación fue lenta: en ciertas zonas tardó más de ocho años y en otras, de hecho, los precios aún no han vuelto a los niveles que tenían. Con la pandemia se está gestando otra crisis, particularmente en el sector comercial y de oficinas. Muchos locales han quedado vacíos. 

También están las personas que lo apuestan todo, incluso dinero que no tienen (adquieren deudas) para poner un negocio propio. Si les va bien claro que van a ganar mucho, pero si las cosas no salen como ellos las pensaron, sufrirán una crisis financiera de la cual tardarán muchos años en salir. 

Por otro lado, tenemos aquellos que piensan que el oro es lo más seguro que existe, porque nunca pierde su valor. Así, hay gente que tiene los ahorros de toda su vida en centenarios. Cuando veo personas que piensan así se me ponen los pelos de punta: el precio del oro suele ser mucho más volátil que el de las acciones, además de que hay periodos muy largos en las que el oro ha tenido caídas pronunciadas. El 18 de febrero de 1983 la onza de oro se cotizó en 503.50 dólares. Tuvieron que pasar 22 años para que su precio volviera a estar en ese nivel, en diciembre de 2005. Si uno hubiera comprado oro el 17 de diciembre de 2012 a 1,697 dólares la onza, para diciembre de 2015 (tres años después) habría perdido casi 40% de su valor. Habría tenido que esperar hasta mayo de 2020 para recuperarse. No es tan seguro como la gente piensa. 

Hoy en día están muy de moda las criptomonedas como el Bitcoin o Ethereum, porque en el último año han tenido un crecimiento exponencial. La gente pregunta mucho sobre esto. Es curioso cómo funciona la naturaleza humana: la gente las voltea a ver cuando su precio está alto y no cuando estaban muy baratas. Esto no significa que no puedan seguir subiendo. 

No estoy diciendo, en ningún momento, que estas sean malas inversiones. No lo son: todas son clases de activos que vale la pena considerar. Cada una de ellas, sin embargo, tiene riesgos distintos que debemos considerar y aprender a manejar. ¿Por qué elegir cuando podemos invertir en todas estas clases de activos? Hoy en día existen opciones para hacerlo, a partir de montos relativamente bajos. 

Cuando pienses en invertir, piensa en términos de un portafolio. ¿Cuál sería la combinación adecuada para ti, de acuerdo con tus objetivos, horizonte de inversión y tolerancia al riesgo?

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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