Continuar fortaleciendo nuestros puentes con Asia es fundamental para la salud del comercio de México. La región no solamente es un importante comprador de productos mexicanos –sobre todo del sector agrícola– sino que, además, es una fuente de innovación e inversiones. México cuenta con un tratado de libre comercio con Japón desde el 2005, cuando entró en vigor el Acuerdo de Asociación Económica México-Japón. Posteriormente, en 2018, el Tratado de Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) nos unió con países como Vietnam, Singapur, Australia y Nueva Zelandia. 

Por supuesto, cuando pensamos en cuál es el país de Asia donde debemos concentrarnos, el primer candidato que viene a nuestra mente es China (lo cual abordaré en una colaboración posterior), pero desde mi perspectiva, el gran eslabón faltante en la agenda comecial de México es, en realidad, la República de Corea - o Corea del Sur, como informalmente se le conoce y que usaremos en este texto.

Las similitudes entre México y Corea del Sur son notables. En 1997, Corea estuvo en el epicentro de una crisis financiera mundial -como México lo había sido tres años antes - la cual obligó al país a, entre otras cosas, apoyarse en su potencial exportador como fuente de recuperación, por lo que comenzó a negociar acuerdos de libre comercio con todas las regiones del mundo. 

Con poco más de 50 millones de habitantes, Corea del Sur se ha convertido en el séptimo exportador a nivel mundial, superando a naciones como Francia o Canadá. En el 2020, a pesar de la pandemia de COVID-19, Corea del Sur registró un comercio total de 980 mil de millones de dólares. De acuerdo a la Asociación Coreana de Comercio Internacional, las exportaciones en 2021 crecerán alrededor del 6%, apoyadas en productos como semiconductores, químicos y automóviles, mientras que la economía en su conjunto crecerá más de 3 por ciento. 

En varias ocasiones, durante la primera década del siglo XXI, México y Corea del Sur intentaron negociar un tratado de libre comercio. Lamentablemente, no se dieron las condiciones necesarias para lograr un resultado, por lo que ambas naciones se concentraron en otras prioridades: ellos en fortalecer su relación con EE.UU., lo que llevó a la negociación y firma de un tratado de libre comercio entre ambos países (KORUS) y nosotros en negociar primero el entonces llamado acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), y posteriormente, el T-MEC. 

Este 2021, las condiciones son diferentes y pueden, tal vez, puedan dar el impulso necesario para, ahora sí consolidar la relación con Corea del Sur, a través de un acuerdo comercial. 

Primero, a pesar de la ausencia de un tratado, los intercambios entre nuestros países alcanzaron 20 mil millones de dólares en 2020. Asimismo, México ya es hogar de compañías coreanas emblemáticas, como KIA, Daewoo, LG, Hyundai y Posco, por mencionar algunas. Estas empresas lo mismo fabrican productos de alta tecnología, como enseres domésticos que probablemente tengan en su casa. Sin duda, ahora México y Corea del Sur se conocen más que lo que se conocían hace veinte años, por lo que el potencial de crecimiento está justo a nuestro alcance, especialmente para el sector agroindustrial. 

Segundo, creo que una negociación comercial entre México y Corea del Sur contribuiría positivamente al fortalecimiento de las reglas del comercio internacional. En los últimos años, nuestros países han negociado disciplinas comerciales ágiles, modernas y que responden a las necesidades y reclamos actuales de nuestras sociedades. Debe ser un interés concreto de nuestros países el tratar de formalizar estas prácticas en la relación económica bilateral, y promover su adopción por otros socios comerciales. 

En tercer lugar, los efectos del Covid-19 han acelerado una serie de patrones y cambios en el comercio internacional, al obligar a las empresas a tener modelos de producción y transporte que, a diferencia de hace algunos años que ponían énfasis en la eficiencia y reducción de costos, hoy privilegian la cercanía a los mercados y centros de consumo. En esta coyuntura, México y Corea del Sur pueden convertirse en esos centros de producción y distribución complementarios, donde las compañías que tengan presencia y operaciones en ambos países puedan atender con la misma facilidad el mercado asiático y el mercado de América del Norte. 

Finalmente, un acuerdo comercial con Corea del Sur refrenderá el compromiso de nuestro país con un sistema comercial basado en reglas, fortaleciendo la presencia de México en Asia y reiterando a nuestros socios (actuales y futuros) que México es un aliado estratégico, en el que pueden confiar sus negocios e inversiones.

*El autor es académico de la Universidad Panamericana; previo a eso, desarrolló una carrera de veinte años en el gobierno federal en temas de negociaciones comerciales internacionales.

Twitter: @JCBakerMX

Juan Carlos Baker

Académico

Pistas de aterrizaje

Juan Carlos Baker es académico de la Universidad Panamericana. Durante veinte años trabajó en la Secretaría de Economía, en la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales, de la que fue titular entre 2016 y 2018.

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