Como hemos hablado en esta serie, antes de empezar a invertir, uno tiene que tener muy claro para qué quiere invertir (es decir, cuál es el objetivo de esa inversión) y en qué plazo desea cumplirlo (es decir, el horizonte de inversión). Eso es fundamental porque nos permitirá delinear en qué tipo de instrumentos vale la pena poner nuestro dinero. Hablamos ya de metas de corto plazo y esbozamos el tipo de instrumentos que deberían componer un portafolio de esas características.

Ahora bien, en el mediano y largo plazo nuestro abanico de opciones se abre de manera importante. Por eso es fundamental determinar nuestro perfil como inversionistas y tener muy claro cuál es nuestro nivel de tolerancia al riesgo.

¿Por qué? Simplemente porque todos los instrumentos financieros, en los que podemos invertir, se cotizan en el mercado. Su precio cambia no sólo cada día, sino incluso minuto a minuto. A veces la variación es muy poca (por ejemplo el fondeo a un día o los Cetes a 28 días), pero en ocasiones puede ser brusca (como los bonos a 30 años, las acciones o el oro).

Cuando hacemos un portafolio y combinamos varios instrumentos, también tiene fluctuaciones. La volatilidad de nuestro portafolio es lo que se conoce como riesgo.

Es importante mencionar que cada persona tiene un nivel distinto de tolerancia al riesgo. Es decir, existen personas que pueden asumir sin problemas una minusvalía de 50% en su portafolio, porque saben que cuentan con tiempo para compensarla y han elegido instrumentos de inversión que maduran a un plazo más largo. Sin embargo, hay personas que sufrirían si les pasara esto, por lo que su tolerancia al riesgo es menor.

La idea es buscar una combinación ideal de instrumentos cuya volatilidad no sea mayor a la que podemos tolerar, porque se trata de dormir tranquilo por las noches y no tener miedo que nos lleve a tomar una mala decisión. Pero que además pueda maximizar nuestro rendimiento potencial. Esa es la idea de una diversificación inteligente.

Ahora bien, aún en el escenario más conservador, en un portafolio de mediano y largo plazo es importante tener un porcentaje de nuestros recursos invertidos en bolsa, no nada más en instrumentos de deuda. ¿Por qué? Simplemente porque uno podría esperar que invertir en un negocio rentable y que tenga potencial de crecimiento, puede generar un rendimiento mayor que simplemente meter el dinero en un instrumento de tasa fija. De lo contrario nadie pondría un negocio.

Además es importante pensar de manera global, porque el mercado mexicano tiene pocas empresas y porque las empresas que están cambiando al mundo se encuentran, en su gran mayoría, en otros países. Pensemos en Amazon, en Google, en Tesla, en Facebook: si invertimos a largo plazo vale mucho la pena tener una exposición global.

Pero también —y esto a veces se olvida— en un portafolio de largo plazo es importante la liquidez: no nada más ayuda a disminuir el riesgo sino también nos ayuda a aprovechar oportunidades, particularmente porque la economía se mueve en ciclos y en ocasiones tener efectivo disponible se vuelve muy importante. Hablaremos más de cómo construir un portafolio en la última entrega.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com