En particular, cabe destacar el carácter procíclico de esas acciones del gobierno de la 4T en contra de  inversiones del sector privado...

Nunca antes en la historia, un economista mexicano había llegado al elevado cargo de cabeza (funcionario de mayor jerarquía) en un organismo financiero mundial de la importancia del Banco de Pagos Internacionales (o BIS, por sus siglas en inglés). Con sede en Basilea, Suiza, el BIS hace las veces de banco de los bancos centrales del mundo. Desde esa influyente posición, Agustín Carstens publicó recientemente en el Financial Times un artículo haciendo un llamado a gobiernos y bancos centrales a “intensificar urgentemente las medidas para apoyar a sus economías frente a la crisis del coronavirus.” Es decir, para proteger a las empresas, al empleo, al pago de salarios y a la recaudación de impuestos.

Dicho lo anterior, me permito hacer notar el contraste flagrante entre la actitud y las preocupaciones de Carstens y el comportamiento reciente del presidente López Obrador, marcado por un prurito de andar cancelando proyectos de inversión o instalaciones generadoras de electricidad mediante el aprovechamiento de la energía eólica.

Mucho se ha escrito ya sobre la cancelación de la planta cervecera en Mexicali y la oposición de AMLO a los molinos de viento para generar electricidad en la sierra Rumorosa. En los dos casos, o las motivaciones oficiales eran falsas o meramente ideológicas y esas decisiones han dejado un recuerdo amargo y mucha inquietud. En cuanto a los llamados aerogeneradores en el parque eólico de la Rumorosa, los argumentos para su oposición fueron, o que afean mucho el paisaje o que resultaron de una “transa del periodo neoliberal”. Según noticias, los mencionados aerogeneradores dotan de fluido para todo el alumbrado público de Mexicali. Y en cuanto a la suspensión definitiva de la planta de cerveza, todo mundo sabe, sin excepción, que la cancelación había quedado decidida desde antes de la celebración de la dudosísima consulta pública, carente de rastro alguno de legitimidad.

En particular, cabe destacar el carácter procíclico de esas acciones del gobierno de la 4T en contra de inversiones del sector privado, y en el caso de la planta de cerveza, de la inversión externa. AMLO le arroja gasolina a la hoguera de la recesión económica, precisamente cuando empiezan a conocerse pronósticos muy pesimistas acerca de que en el 2020 la contracción de la economía mexicana podría llegar hasta 5 o 7 por ciento. Es como anotarse autogol en el futbol o que un cazador se pegue un disparo en el pie.

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Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico