De acuerdo con información del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés), en el periodo de los ciclos cafetaleros que va del 2004/2005 al 2014/2015, la producción mundial de café creció en promedio a un ritmo de 2.1% anual; a su vez, el consumo tuvo un crecimiento de 2.2%, con una participación preponderante de los dos mercados más grandes del mundo, la Unión Económica Europea y Estados Unidos

En el mismo periodo, la producción nacional decreció a una tasa promedio anual de 4.2%, al llegar a un nivel de 1.04 millones de toneladas de café cereza en el ciclo 2014/2015, producción que ha sido el valor mínimo observado en los registros con los que se cuentan desde 1979/80.

Por otro lado, el consumo de café ha manifestado una tendencia creciente con una tasa de crecimiento anual de 0.7 por ciento.

Entre los años 2010 al 2013, el consumo per cápita pasó de 1.22 a 1.40 kg por persona.

Sin duda, el crecimiento del consumo a nivel mundial y nacional es una oportunidad de negocio que debe ser aprovechada; las tendencias indican que se ha incrementado el número de tiendas especializadas o coffee shops, hay una mayor participación de consumidores jóvenes de 15 a 25 años en la mayoría de los países de alto consumo, así como de los países emergentes como China, India, Brasil y, por supuesto, México.

Asimismo, se ha incrementado la demanda de cafés certificados con diversos sellos que garanticen al consumidor que la producción se ha realizado de manera sustentable.

Es tal el consumo del café a nivel mundial, que se considera que es la bebida más consumida después del agua.

Pero para aprovechar esta tendencia creciente y dinámica necesitamos producto, y actualmente no tenemos la oferta disponible.

México exporta alrededor de 73% de su producción; en el 2014 las exportaciones de café se redujeron 19.6 por ciento.

Se estima que en nuestro país se cultivan 766,020 h de café, por cerca de 504,372 productores, que en general presentan como problemas comunes ser cafetales viejos con más de 40 años, caída de rendimientos por enfermedades como la roya, desatención de las plantaciones por la limitada rentabilidad, baja calidad del producto y, consecuentemente, reducción de los ingresos de los productores.

En las relaciones causa – efecto de la dinámica de negocios de la cadena de valor, la disminución de la producción en campo ha traído consigo que, a nivel de la fase industrial, se encuentren instalaciones subutilizadas, derivado de la escasez de materia prima, con sus consecuencias en el mantenimiento de empleos y circulación de flujos de recursos en los circuitos económicos en torno a la industria cafetalera.

En la siguiente nota comentaré un camino factible para la capitalización de cafetales y su renovación, que permitirá elevar no sólo la producción sino su calidad.

*Crisólogo Chavez Zárate es especialista en la Subdirección de Programas y Proyectos de FIRA.

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