Ayer, por la mañana, Andrés Manuel López Obrador salió de su domicilio para dirigirse a la colonia Roma, donde se ubica la que fuera su casa de campaña; ahí se reunió con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

Sus traslados los realizó en un modesto Jetta blanco, sin elementos que resguardaran su seguridad personal. Es plausible su humildad; sin embargo, por múltiples circunstancias me parece que su intención no se extenderá por mucho tiempo.

Más tarde, poco antes de las 11 de la mañana, el candidato electo se dirigió a su reunión con el presidente Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional. Durante el trayecto, el conductor que circulaba adelante, al percatarse quién iba detrás de él, frenó abruptamente y detuvo el tránsito; descendió y sin importarle nada se dirigió a saludar a López Obrador. Esta ocurrencia puede parecer simpática, pero se trata de una imprudencia que en este momento ya es asunto de seguridad nacional.

Al salir de Palacio, el futuro mandatario se encontró con miles de personas que lo esperaban y se arremolinaron en torno al vehículo, con la intención de saludarlo. Ya había cientos de elementos de la Secretaría de Seguridad de la Ciudad de México en el sitio con la consigna de apoyarlo, pero fue muy difícil; aquello era caótico, incluso peligroso, ya que también se encontraban niños. Finalmente continuó su camino sin contratiempos.

Antes de salir de Palacio Nacional, dio una breve conferencia expresando que el Estado Mayor Presidencial será reasignado a la Secretaría de la Defensa Nacional y que no lo cuidará. Es algo que debe reflexionar, todo tiene su razón de ser.

Ayer se evidenció que la protección otorgada a los presidentes también sirve a la ciudadanía, ya que el orden previene que sucedan tragedias en los tumultos.

A partir del 1 de diciembre, López Obrador combatirá al crimen, automáticamente se convertirá en enemigo de los adversarios de la paz y del orden público. El pueblo entero no será capaz de protegerlo.

Una vez que se coloque la banda presidencial asumirá la representación del Estado mexicano y de la República, recayendo en él la estabilidad, gobernabilidad y seguridad del país, razones suficientes para comprender que su cuidado va más allá de sus decisiones. Hace bien al mostrar sencillez, pero hay mucho de por medio.

Recordemos que durante el sexenio de Felipe Calderón la tragedia alcanzó a dos secretarios de Gobernación, y que las circunstancias aún no se esclarecen satisfactoriamente. Vivimos en un país peligroso.

La familia del candidato electo también debe tener protección; es un tema que supera su voluntad y que seguramente todos los mexicanos comprendemos.

Durante su conferencia de prensa reiteró que no usará el avión presidencial y que se trasladará en vuelos comerciales. En este mismo sentido debe evaluar lo fácil que podría resultar al crimen organizado boicotear un avión y generar una catástrofe.

Los aviones presidenciales son rigurosamente cuidados por el Estado Mayor Presidencial; su mantenimiento es acucioso y supervisado. Debe quedar claro que si el presidente se cuida, también cuida a los demás.

El triunfador indiscutible de las elecciones del domingo pasado ha generado grandes expectativas en millones de mexicanos y debe ser previsor; tiene un elevado compromiso con la nación y mucho trabajo por delante.

@Ernesto_Millan