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12 años de la resistencia y lucha por una paz justa

Opinión
Este 26 de febrero, Ucrania y el mundo democrático conmemoran el Día de la Resistencia a la Ocupación de la República Autónoma de Crimea y la Ciudad de Sebastopol.
En febrero de 2026, se cumplen 12 años desde que la Federación de Rusia inició su guerra contra Ucrania y la ocupación de la península. Lo que comenzó en 2014 no fue un evento aislado, sino el inicio de una agresión sistemática que hoy continúa amenazando la seguridad global.
Es fundamental desmantelar el mito propagado por el Kremlin de que los residentes de Crimea no resistieron la ocupación. La realidad es que, desde el primer día, miles de ciudadanos ucranianos y miembros del pueblo tártaro de Crimea se manifestaron frente al parlamento de la República Autónoma de Crimea para defender la integridad territorial de su país.
Durante estos 12 años, la lucha no se ha detenido. Nuestros conciudadanos en los territorios temporalmente ocupados continúan demostrando su apoyo a Ucrania de manera incansable, a pesar del grave peligro que esto representa para sus vidas.
Como diplomáticos y ciudadanos del mundo, debemos ser precisos con el lenguaje: lo que ocurre en Crimea es una ocupación temporal, no una "anexión". En 2014, Rusia estableció control militar sobre parte del territorio soberano de Ucrania, cometiendo un acto de agresión que la comunidad internacional nunca ha legitimado. Términos como "reunificación" son meras herramientas de propaganda que buscan disfrazar la violación flagrante del derecho internacional.
La ocupación ha transformado a la península en un escenario de terror y represión. A febrero de 2026, más de 200 personas permanecen detenidas ilegalmente por las administraciones de ocupación, entre ellas 153 tártaros de Crimea.
Para suprimir la resistencia, Rusia ha criminalizado la "desacreditación" de sus fuerzas armadas. Hasta finales de enero de 2026, se han registrado 1,672 casos bajo estos cargos arbitrarios. Las detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y la persecución de la identidad ucraniana y tártara de Crimea son prácticas comunes del régimen ocupante.
La experiencia de estos 12 años nos ha enseñado que las concesiones territoriales al agresor no detienen la guerra; solo la prolongan. Apaciguar a quien viola la ley internacional solo fomenta nuevos crímenes contra la humanidad.
La liberación de Crimea es indispensable por varias razones fundamentales. Crimea ocupada es una fuente constante de peligro, operaciones híbridas y destrucción de ecosistemas que afectan incluso la seguridad alimentaria mundial. Es necesario activar mecanismos legales, como la Corte Penal Internacional, para que los responsables de crímenes de guerra y actos de genocidio rindan cuentas. Una paz integral y justa solo será posible cuando todo el territorio de Ucrania, incluida la península de Crimea, sea liberado.
Ucrania no descansará hasta traer a casa a cada prisionero político y restaurar los derechos y libertades en cada rincón de nuestra tierra. Por lo tanto, solidaridad de naciones hermanas como México es vital para asegurar que el derecho internacional prevalezca sobre la fuerza bruta.