Tras un pésimo desempeño de las bolsas a lo largo del mes de mayo, en el que prácticamente se borra­ron las ganancias que a duras penas se habían logrado durante el año, junio no arrancó con noticias muy alentadoras, ya que después de vivir una semana trepados en la montaña rusa, finalmente los principales índices bursátiles se desbarrancaron de manera estrepitosa al cierre del viernes.

Así, el Dow Jones rompió el piso de las 10,000 unidades para ubicarse en los 9,908 puntos tras perder 3.15%, mientras que el S&P 500 y el NASDAQ retrocedieron 3.44 y 3.64%, respectivamente. Por su parte, nuestro IPC cayó 1.08 por ciento.

Y es que la verdad sea dicha, los ingredientes para una tormenta perfecta, es decir un double dip o una recaída de la economía estadounidense se han venido conjuntando y mezclando en una licuadora que puede arrojar un resultado que ningún inversionista quisiera ver a estas alturas del partido.

Por un lado, tenemos el derrame de petróleo en el Golfo de México por parte de la British Petroleum, que por más que ha tratado de contener el desastre se le ha salido de las manos y ya en los mercados se habla de la posibilidad de que el chistecito podría salirle en más de 30,000 millones de dólares entre indemnizaciones y costos, pudiendo provocar su eventual quiebra.

A la grave situación que les describo, el Procurador General de Estados Unidos anunció que ya se había abierto una investigación civil y penal en contra de la compañía, lo que ha resultado en una pérdida impresionante en el valor de las acciones de BP y de otras compañías más dedicadas al negocio petrolero.

Sin embargo, hay que recordar que si Estados Unidos quiere disminuir su déficit fiscal, debe forzosamente empezar a reducir su déficit comercial, y hoy por hoy, se habla de que el déficit comercial en cuanto a energéticos es de aproxi­madamente 300 billones de dólares. Lo anterior significa que Estados Unidos no puede parar en su intento por reducir su dependencia de energéticos del extranjero.

Por otra parte, las tensiones geopolíticas que se viven entre las dos Coreas, más el ataque Israelí a un barco que lle­vaba ayuda humanitaria a la franja de Gaza, no es buena noticia para el mundo del petróleo.

Curiosamente y contrario a la lógica, vimos los precios del petróleo descender la mayor parte de la semana; sin embargo, diversos analistas, y yo concuerdo, opinan que más pronto que tarde, tendremos que ver los precios del petróleo subir de nueva cuenta.

Como ingrediente adicional, Hungría salió a informar que se encuentra en serios aprietos económicos, lo que hace pensar a los inversionistas que la actual­ crisis europea no se circunscribe exclusivamente a la Unión Europea y por supuesto, enciende focos amarillos con relación a los bancos que se podrían ver afectados por esta situación.

Finalmente, la cereza del pastel la puso el Departamento del Trabajo de Estados Unidos, al informar que la creación de empleos se ubicó en 431,000 cuando el consenso esperaba 515,000; sin embargo, el número se ve más grave cuando sabemos que 95% de los empleos creados son consecuencia de los empleos temporales originados por el gobierno para su censo 2010 y que el sector privado sólo creó 41,000 nuevos empleos.

Amigos, con todo lo anterior no queda la menor duda de que la moneda sigue en el aire y la única forma de asegurarnos que caiga águila es tomando coberturas. ¿Dejarán su destino al azar?

Alfonso García Araneda es director general de GAMAA Derivados. Su correo electrónico es [email protected]