La mayor rentabilidad en el mercado accionario se obtiene generalmente en periodos de largo plazo. Esto ocurre si previamente la selección de los activos de inversión fue razonablemente acertada y la tendencia se mantiene alcista. Por otra parte, un amplio número de participantes del mercado prefiere ganancias rápidas. Ambos plazos de inversión pueden ser complementarios

Al hablar de tendencia, es conveniente distinguir entre la del precio del activo en particular y la del índice de mercado, ya que una y otra podrían ser diferentes. Una vez determinadas las situaciones de tendencia, el inversionista puede definir un plazo tentativo acorde con el rendimiento objetivo esperado y con los riesgos tanto del mercado, llamado riesgo sistémico, como del activo particular o riesgo no sistémico.

En una tendencia alcista es común extender los plazos, puesto que la percepción del riesgo inherente es menor. Por el contrario, si la tendencia es de baja, sea en una acción en particular o en el mercado, los plazos objetivo de inversión tienden a reducirse debido a la natural aversión al riesgo que la tendencia bajista ocasiona, ya que existe la posibilidad de acumular minusvalías en el tiempo.

Así como en una tendencia alcista se facilita la permanencia, también hay más operaciones ejecutadas y se incrementa el importe operado debido a la mayor probabilidad de obtener ganancias. Lo opuesto ocurre en tendencias de baja cuando las posiciones largas fácilmente pueden ser perdedoras. En este caso, habrá menos operaciones, serán por montos menores, a plazos más cortos y tendrán, idealmente, niveles estrictos de paro de pérdidas.

En periodos laterales, el horizonte de inversión suele dividirse entre quienes están dispuestos a esperar, porque tienen un escenario alcista al final de la lateralidad, y por otra parte, entre quienes no esperan la definición de la tendencia posterior y sólo buscan rendimientos rápidos, aunque menores, aprovechando la volatilidad y la relativamente acotada estabilidad en los precios. Se toman las utilidades rápidamente ante el riesgo de perderlas en el siguiente giro del mercado lateral.

En función de la tendencia se puede adecuar el plazo de la inversión. Inicialmente el participante del mercado tiene un plazo objetivo, pero es posible extenderlo o acortarlo. Con frecuencia, en esta decisión influyen el rendimiento objetivo o un límite de paro de pérdida.

Existe la posibilidad de obtener ganancias en operaciones compradoras o largas en cualquier situación de tendencia, alza, baja o lateral, sólo advirtiendo que en las tendencias de baja el riesgo es mucho mayor, ya que las breves y limitadas reacciones alcistas requieren de precisión y rapidez para hacer estas operaciones rentables. Aún acortando el plazo, es riesgoso desafiar una tendencia dominante poco favorable.

En general, con las operaciones de corto plazo el inversionista puede desarrollar aptitudes que le servirán para obtener ganancias en los mercados financieros. Las ventajas son:

  • Permiten que el inversionista perciba y calibre su nivel de tolerancia al riesgo.
  • El horizonte de inversión, al ser corto, hace posible asimilar rápidamente la experiencia, buena o mala, y aprender del evento
  • El inversionista puede sensibilizarse a la siempre existente relación directa entre el riesgo asumido y el rendimiento esperado, es decir: a mayor riesgo, mayor rendimiento potencial.
  • Generan un conocimiento de las tácticas de operación y de las oportunidades que pueden abrirse en un entorno de mercados volátiles.
  • Involucra al participante en un pequeño reto que despierta su atención y capacidad de monitoreo, haciéndole considerar las posibles implicaciones de diferentes eventos en el escenario.
  • En corto plazos se acota rápidamente el riesgo de minusvalías importantes. En un escenario de largo plazo éstas podrían ser menos relevantes, ya que una estrategia de buy and hold depende menos de las condiciones temporales del mercado que de la calidad de los activos en cartera.
  • Se limita la ganancia potencial, pero las utilidades se capitalizan rápidamente.
  • Se puede desarrollar la disciplina necesaria tanto para aplicar los paros de pérdida (stop loss), como para determinar situaciones que ameriten revisar los supuestos iniciales.

En suma, después de haber definido la estructura de una cartera y de analizar las posibilidades de diversificación por tipo de activos. Un porcentaje de las carteras podría asignarse a las operaciones especulativas de corto plazo con objeto de optimizar los rendimientos en activos seleccionados. Al hacerlo el inversionista requerirá desarrollar algunas habilidades básicas: asertividad, objetividad, decisión, oportunidad, precisión y disciplina.

*Agustín Becerril García es subdirector de Análisis Técnico en Grupo Financiero Interacciones.