El miércoles, desde la mañana, corrió fuertemente la versión de que Donald J. Trump firmaría una orden ejecutiva para que Estados Unidos abandonara el TLC. Naturalmente, esto causó volatilidad en la cotización de la moneda. No obstante, en la noche, la Casa Blanca aclaró que efectivamente consideró emitir tal orden ejecutiva, pero después de hablar con los presidentes de México y Canadá, reconsideró su decisión. Esto en Póker se llama blofear , pero hay que saber hacerlo

De acuerdo con el mismo presidente de Estados Unidos, el TLC ha sido desastroso para su país, pero terminarlo representaría un golpe duro para el sistema . Por ello ha decidido renegociarlo.

¿De qué dependerá la decisión final? Por supuesto, de la negociación que se realice del TLCAN. Pese a todo, vemos espacio para el optimismo. Si bien el presidente Trump ha dicho que va por un mucho mejor acuerdo para Estados Unidos , lo más probable es que el NAFTA renegociado resulte en mejoras sustanciales para las tres partes, por el simple hecho de que a 25 años de distancia los cambios estructurales en las tres economías han ido de significativos a dramáticos, lo que abre mucho campo para la renegociación.

La posición negociadora de México no es débil, como se podría pensar. En principio de cuentas, se pueden demostrar con un vasto conjunto de estadísticas los siguientes hechos: ( 1) la pérdida de empleos manufactureros en Estados Unidos a partir del año 2001 se encuentra estrechamente relacionada con la automatización en los procesos de manufactura (87%) y con el comercio con China (11%) y con otros factores domésticos (2%) y no con el TLCAN (0.0 por ciento). (2) Desde la firma del TLCAN en 1993, los empleos en Estados Unidos vinculados al comercio con México crecieron de 700,000 a 4.9 millones. (3) Desde que entró en vigor el TLCAN, el valor del comercio en la región se multiplicó por seis, a 584,000 millones de dólares en el 2015. Y (4) México es el segundo mercado de exportación más grande para Estados Unidos, por arriba de Japón, China y Alemania combinados.

Como segundo punto, el potencial que ofrece México en sectores productivos que no formaban parte del tratado, porque se encontraban reservados o porque eran irrelevantes hace 25 años, incluyendo comercio electrónico, turismo médico, telecomunicaciones y por supuesto todos los relacionados con el sector energético. Son industrias demasiado atractivas para empresas estadounidenses y canadienses y, por lo tanto, un elemento importante a favor del poder de negociación de México. Tercer punto, en lo que parece un cada vez más remoto escenario, esto es, el de un proteccionismo a ultranza por parte de Estados Unidos, México cuenta por lo menos con tres fuentes de represalias: (1) Sectores en los que el comercio con Estados Unidos es superavitario con México, como lo son claramente el comercio de granos, oleaginosas y productos pecuarios. (2) El apoyo que México brinda a Estados Unidos en materia de seguridad de la frontera entre ambos países cuyos costos en su mayoría son erogados por nuestro país. (3) Estrechamiento de relaciones comerciales con China.

Sobre este punto caben varios comentarios. Del 2000 al 2013, el comercio bilateral de China con Latinoamérica aumentó 3.3 veces. Un conjunto de acuerdos firmados entre China y diversos países latinoamericanos constituyen una plataforma para que China duplique su comercio con la región, a un valor anual de 500,000 millones de dólares para mediados de la próxima década. Sin embargo, las relaciones comerciales chino-mexicanas no se han intensificado, a sabiendas de que México es el único país al sur de Estados Unidos ante el que Washington se alarmaría de contar con una fuerte presencia china. De acuerdo con algunas fuentes periodísticas, se dice que un funcionario del gobierno de Barack Obama instó al gobierno de México a alejarse de las inversiones chinas en proyectos de energía e infraestructura y que como resultado de esta persuasión se canceló el proyecto del tren de la Ciudad de México–Querétaro que lideraba un consorcio chino. Esta buena disposición del gobierno mexicano hacia Estados Unidos no valió de nada para Donald Trump. Una consecuencia evidente de esto es que México vendió en diciembre del 2016, ya electo Trump, a una empresa petrolera china un acceso a dos masivos campos de petróleo de aguas profundas en el Golfo de México.

¿No es esto una seria llamada de atención de México a Estados Unidos de que, en efecto, cuenta con la carta china para negociar? Donald Trump le ha hecho de manera elocuente a México que su gran dependencia comercial de Estados Unidos representa una debilidad estructural, y que un estrechamiento de relaciones comerciales con China es un paso natural.

Los salarios en China se han triplicado en la última década. El salario promedio por hora en la manufactura china es de 3.60 dólares. Durante ese mismo periodo, los salarios de manufactura por hora en México han caído a 2.10 dólares. hoy en día, China puede ver a México como un país en donde invertir, no sólo en infraestructura, sino incluso en instalaciones de manufacturas pues ya no sólo la proximidad a su mayor mercado de exportación, sino condiciones laborales que ya no puede encontrar en su propio país. Y de hecho, ya lo está haciendo: la empresa Anhui Jianghuai Automobile se asoció con un consorcio mexicano para producir SUV en ciudad Sahagún, Hidalgo, con un objetivo de producción de 40,000 vehículos al año. La carta china está en el aire.

*Ismael Capistrán es chief economist de Signum Research.