Uno de los elementos que ha caracterizado el desempeño económico global desde el 2015 es la continua disminución en los precios del petróleo. Este fenómeno se hizo aun más evidente en las primeras semanas del presente año y se ha profundizado hasta perforar la barrera de los 30 bdp, en el caso del marcador WTI

La tendencia de los petroprecios junto con el temor de una desaceleración más profunda de China ha inyectado una gran incertidumbre y volatilidad en los mercados financieros internacionales, principalmente en los mercados cambiarios y bursátiles.

Para la economía mexicana, los menores ingresos petroleros tienen un doble impacto. Por un lado, hay que recordar que en un esquema de libre flotación no existe la acumulación de reservas internacionales, toda vez que los dólares que entran a un país se van directamente al mercado de cambios, de manera tal que la cotización de la moneda es el resultado de la libre interacción de la oferta y la demanda.

México es un caso particular en donde a pesar de tener un tipo de cambio libre, se presenta una acumulación de reservas debido a la obligación que tiene Petróleos Mexicanos de vender los dólares que obtiene por la exportación de crudo al Banco de México, operación que se registra como una acumulación de reservas.

En el contexto actual de una baja importante de los ingresos petroleros, el ritmo de acumulación de reservas por este concepto disminuye, lo que es perfectamente entendible. No obstante, lo que ha llamado la atención del FMI es que la volatilidad del mercado cambiario ha obligado a la Comisión de Cambios a garantizar la liquidez del mismo a través del mecanismo de subasta de dólares, lo que se refleja en una disminución de las reservas internacionales.

Habrá que tener presente que el artículo 18 de la Ley del Banco de México establece precisamente que las reservas internacionales tienen como objetivo fundamental coadyuvar a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, mediante la compensación de los desequilibrios entre ingresos y egresos de divisas del país.

De esta forma, el mecanismo de subastas de compra o venta de dólares que el Banco de México ha instrumentado en diferentes momentos de volatilidad financiera se enmarca perfectamente dentro del objetivo establecido para las reservas. Los comentarios realizados por el FMI deben de ser entendidos en el marco de un uso racional de las mismas, de manera que no se registre una merma significativa de las reservas, sobre todo cuando la volatilidad que se intenta palear proviene del exterior.

Un segundo efecto directo de la reducción en el precio del petróleo tiene que ver con el menor margen de maniobra que tiene el gobierno para estimular el crecimiento económico a través del gasto. Efectivamente, desde que inició la debacle de los precios de petróleo, el gobierno mexicano se ha visto en la necesidad de decretar dos recortes al gasto público, con el fin de preservar el equilibrio financiero.

Hay que tener presente que el efecto económico de contar con menores precios petroleros tiene dos vertientes. Uno sobre la balanza de pagos y uno más sobre las finanzas públicas.

En 1980, las exportaciones petroleras representaban 60% de las exportaciones totales, mientras que las ventas externas de manufacturas sólo pesaban 31 por ciento. Actualmente, las cosas son muy diferentes, el país ha transitado hacia un modelo de producción de mayor valor agregado, de forma tal que las exportaciones petroleras representan 14% de las exportaciones totales y el resto prácticamente son manufacturas.

Así, la caída en los precios del petróleo tiene un efecto mínimo sobre la estructura de las exportaciones del país. No obstante, y esta es la segunda dimensión, los cobros provenientes de la venta de crudo representan 35% de los ingresos del sector público, lo que compromete su capacidad para ejercer un mayor gasto.

Independientemente de que la disminución de los precios del petróleo es más estructural que coyuntural, lo que implica que las cotizaciones permanecerán deprimidas por un periodo largo de tiempo, vale la pena preguntarse si hay vida más allá del petróleo.

La respuesta es sí. La actual situación del mercado petrolero destaca la necesidad que tiene el gobierno de dejar de depender del petróleo, así como la urgencia de seguir fortaleciendo los ingresos tributarios.

De hecho, en el pasado, el país crecía a tasas más aceleradas sin una dependencia de los ingresos por venta de petróleo. En el periodo del desarrollo estabilizador (1952-1970) el país llegó a crecer hasta 8% a través de un impulso al sector industrial y al llamado proceso de sustitución de importaciones. El petróleo no jugó un papel fundamental en este periodo de la economía mexicana.

La producción y exportación de petróleo tuvo el rol de salvavidas hasta finales de los 70, cuando en medio de una profunda crisis económica los precios del petróleo se dispararon, siendo México ya el sexto productor de crudo a nivel internacional. En este momento, los ingresos petroleros se convirtieron en una fuente importante de ingresos para el gobierno federal.

México ha migrado hacia una menor dependencia del petróleo y seguramente, en los próximos años, esta tendencia se hará más evidente también dentro de los ingresos del Estado. Me queda claro que esta crisis servirá para ir dibujando una economía mucho más sólida y más competitiva, de manera tal que la subordinación del crecimiento económico a los precios del petróleo será cosa del pasado.

*Manuel Guzmán es director de Asset Management en Grupo Financiero Monex.

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