Richard Thaler, un economista dedicado a investigar el comportamiento de las personas en torno de las que deberían ser decisiones racionales, propone esquemas encaminados a propiciar este tipo de actividades, reconociendo que, bajo principio humano, todos preferimos más a menos.

Sin embargo, esta forma aparentemente correcta siempre se contrapone a la realidad de nuestros actos por obvias que parezcan las alternativas y la elección de las mismas.

Por otro lado, los planes de desarrollo tanto federal como estatal son plasmados de manera retórica y por demás sugestiva, llenos de idealismo y con un profundo contenido político, sin dejar de lado su limitante temporal y de autoridad. En ellos hemos de encontrar la descripción del deber ser y los resultados a los que habremos de llegar en caso de pleno cumplimiento de los objetivos ahí planteados.

En la racionalidad de todos los habitantes, siempre habrá de ser claro que en caso de dar acatamiento al plan, con sus respectivas revisiones, correcciones y continuidad post sexenal, tendremos un panorama muy cercano al ideal, digno de un primer mundo. Y no es en este sentido la queja a partido o gobierno alguno, todos en su deseo e intento de ejecución habrán de preferir darle al país algo mejor. Al final lo que parece fallar es el paso previo a la ejecución.

¿Qué sería de un plan, mal llamado sexenal (por el tema de la continuidad), si en vez de proponer un estado ideal, destacando que esto es lo correcto en el tema, se plantearan los pequeños cómos, los que Thaler tiene a bien llamar, empujones ?

Estos empujones no hacen otra cosa que conducir a la racionalidad, teniendo todos claro que independientemente de cualquier práctica, política o religiosa, nuestro carácter humano nos induce a buscar lo mejor.

Los programas de apoyo que se desprendan de los planes gubernamentales deberían de convertirse en estos mecanismos, en ocasiones imperceptibles, que induzcan a todos los actores del panorama económico a la búsqueda de un estado de bienestar por todos anhelado y por muy pocos alcanzado.

Visto así, no es el plan de desarrollo idéntico en forma para todas las entidades el camino por el que habremos de alcanzar dicho desarrollo, tampoco la ejecución del mismo, pues éste siempre dependerá de un conjunto de decisiones, muchas de ellas no tan racionales, sino los pequeños empujones que orillen a todos a verdaderamente buscar primero nuestro propio bienestar y por consecuencia el de toda la nación. De lo contrario, y como ha venido ocurriendo, la irracionalidad de nuestras decisiones nos seguirán conduciendo a obtener cada vez menos y vivir en un estado casi permanente de crisis.

*El MF Ricardo Gutiérrez es profesor del Tecnológico de Monterrey Campus Toluca y Campus Santa Fe. ?ricardo.gtz@itesm.mx