Los últimos acontecimientos en Grecia y en Europa han hecho surgir el cuestionamiento sobre la viabilidad de que se mantenga el euro como moneda única. Las posiciones son encontradas y van desde quienes ven la inminente caída de la moneda hasta analistas que piensan que es imposible que esto suceda.

Quizá resulte interesante empezar recordando porqué surgió el proyecto de la Unión Europea hace poco más de 10 años.

En ese entonces, muchos de los países europeos habían alcanzado un desarrollo económico importante y la integración se empezó a dar de manera natural, haciendo factible la conformación de un bloque económico y comercial que permitiera abatir costos administrativos y de transacción.

El proyecto se sustentaría en la creación de una moneda única que a su vez tendría una gran virtud: eliminar de un plumazo que las economías europeas se vieran afectadas por la volatilidad que caracteriza al mercado cambiario.

Adicionalmente, se obtendrían otros beneficios al evitar las siempre tediosas conversiones que tenían que hacer los turistas que transitaban de un país a otro.

Los beneficios parecían lo suficientemente atractivos como para impulsar seriamente el proyecto. No obstante, se perdieron de vista elementos importantes que en ese entonces parecían lejanos y que hoy son una realidad.

Niall Ferguson, columnista de Newsweek, indicó que el peor defecto fue el haber creado una unión monetaria, dejando la política fiscal completamente descoordinada. Es decir, se estableció como un criterio que cualquier país que desea­ra adherirse a la Unión Europea, debería de registrar un déficit fiscal como proporción del PIB máximo de 3% y una deuda pública no mayor a 60% del PIB.

Desafortunadamente, estos parámetros quedaron establecidos solamente como reglas, sin establecerse mecanismos formales que permitieran garantizar su cumplimiento.

El surgimiento de la crisis internacional dejó al descubierto el gran error de haber admitido dentro de la Unión a países con asimetrías económicas gigantescas, los cuales hoy no encuentran la manera de salir adelante, toda vez que el haber adoptado una moneda única hoy funciona como una verdadera camisa de fuerza que resta flexibilidad para corregir, al menos en parte, los desequilibrios que presentan países como Grecia.

De acuerdo con Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2009, si Grecia tuviera su propia moneda, podría devaluar y recobrar cierta competitividad externa; sin embargo, al estar atada al euro, estará destinada a corregir sus problemas a través de un fuerte recorte al gasto y mayores impuestos, lo que se traducirá en una caída del PIB en los siguientes años, situación que generará deflación y desempleo.

De hecho, se estima que el valor del PIB de Grecia medido en términos de euros no alcanzará el nivel del 2008 hasta el 2017.

Así las cosas, el escenario que parecía lejano en términos de la desaparición del euro hoy parece posible, sobre todo si los países con problemas no solucionan su situación a pesar de las medidas de apoyo.

De acuerdo con Krugman, los países europeos que adoptaron el euro, renunciaron no sólo a imprimir dinero sino también a responder con flexibilidad a eventos como los que vive Grecia.

Me parece que los costos de abandonar el euro hoy por hoy serían enormes. Adicionalmente, el multimillonario paquete de apoyo y la disposición del BCE de comprar los bonos de los países con problemas son una señal de que no está en el radar de la Unión Europea dejar morir al euro.

Claramente se tendrán que hacer ajustes dolorosos para garantizar su viabilidad en el futuro, como es el acuerdo para instrumentar un mecanismo que permita no sólo el manejo central de la política monetaria, también de la fiscal.

*Manuel Guzmán M. es economista en jefe de Ixe Grupo Financiero. Su opinión no representa necesariamente la posición de la institución.