El pasado 4 de febrero se reunió la Junta de Gobierno del Banco de México y, como era esperado, se decidió mantener la tasa de interés de referencia en 3.25 por ciento. En esta ocasión, el comunicado fue un poco más largo de lo normal y la lectura es dolorosa: la coyuntura ha cambiado desfavorablemente y los riesgos se han acentuado

Dentro del comunicado se pueden destacar algunos temas que denotan una profunda cautela por parte del Banco de México con respecto a su perspectiva económica de mediano y largo plazos. En la parte global, se destaca que los países avanzados siguen mostrando una tasa de expansión moderada, mientras que los emergentes continúan entrampados en un proceso de desaceleración.

De manera particular, se enfatiza que la economía de Estados Unidos se desaceleró en el último trimestre del año pasado, debido fundamentalmente al efecto negativo que ha tenido el fortalecimiento del dólar sobre el sector industrial y particularmente sobre las manufacturas de exportación, lo que contrasta con la fortaleza que sigue mostrando el mercado laboral.

En este contexto, la Reserva Federal de Estados Unidos ha manifestado que espera que la inflación aumente a niveles cercanos a su meta de inflación de mediano plazo, aunque en su reunión de enero decidió mantener la tasa de interés de los bonos federales sin cambio. Un tema a destacar es que la Fed destaca claramente que la trayectoria de los incrementos en las tasas de interés será gradual y dependerán de la evolución observada y esperada del empleo y la inflación.

En la zona euro, la situación no es muy diferente. El instituto central indica en su comunicado de política monetaria que la recuperación ha sido lenta y frágil, y que los riesgos a la baja para el crecimiento económico y para la inflación se han acentuado, lo que derivó en que el Banco Central Europeo abriera la posibilidad a un mayor relajamiento monetario en marzo.

Por otro lado, China sigue siendo un foco rojo a nivel global, toda vez que no se han logrado disipar las preocupaciones en torno a su fortaleza financiera, sus expectativas de crecimiento y la eficacia de su política monetaria. De esta forma, la desaceleración mundial se ha reflejado en la continua caída en las cotizaciones de las materias primas, principalmente el petróleo, y en una mayor restricción en las condiciones de financiamiento de los mercados internacionales.

La divergencia en las políticas monetarias de los principales países avanzados junto con la creciente vulnerabilidad de países emergentes, como Rusia, Brasil y China, han incrementado la incertidumbre global, originando depreciaciones generalizadas en las monedas de países emergentes.

De hecho, el Banco de México expone en su comunicado que no se pueden descartar nuevos episodios de volatilidad en los mercados financieros internacionales que pudieran incluso incrementar la aversión al riesgo.

Para el caso de México, se muestra que continúa el crecimiento del PIB sustentado en el buen desempeño del consumo privado, que a su vez es resultado de la evolución positiva del mercado laboral y de la baja inflación, combinación que ha incrementado la masa salarial.

Compensando la evolución positiva del mercado interno, las exportaciones manufactureras continúan estancadas debido a la debilidad del sector industrial de Estados Unidos, al tiempo que la Inversión Fija Bruta ha disminuido su dinamismo recientemente. De esta forma, la autoridad financiera espera que la expansión económica durante el cuarto trimestre del 2015 haya sido moderadamente inferior a la del trimestre previo.

En el tema inflacionario, se destaca que prevalecen las condiciones de holgura, tanto en la economía como en el mercado laboral, por lo que no se perciben presiones generalizadas de precios provenientes de la demanda agregada.

Dos temas interesantes a destacar en el tema inflacionario es que no se han observado efectos de segundo orden en los precios de bienes y servicios no comerciables derivados del ajuste del tipo de cambio y, por otro lado, que se ha observado un efecto positivo sobre los precios resultado de la instrumentación de algunas reformas estructurales.

En este contexto de debilidad e incertidumbre global, el Banco de México sugiere mantener la solidez de los fundamentales macroeconómicos a través de ajustes en las finanzas públicas, incluyendo a Pemex, así como modificar la postura monetaria al ritmo que sea pertinente y continuar implementando las reformas estructurales, en particular en el sector hidrocarburos.

El panorama es poco alentador y seguramente veremos mediadas extraordinarias para paliar el complejo panorama internacional. La depresión en los precios del petróleo se percibe como algo estructural que prevalecerá por un lapso prolongado de tiempo, lo que presionará al peso y obligará a recortes en el gasto público, imponiendo una mayor rigidez al crecimiento. Lo inusitado del entorno exige una mayor prudencia a la hora de invertir.

* Manuel Guzman es Director de Asset Management en Grupo Financiero Monex.

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