Una de las variables económicas que más ha resentido la incertidumbre global es el tipo de cambio. Aunque en el pasado reciente llegamos a observar periodos en los que la moneda nacional se fortaleció frente al dólar, finalmente, el entorno global caracterizado por eventos políticos y financieros adversos ha afectado tanto al peso como a otras monedas de países emergentes

Hasta antes de que se detonara formalmente la actual crisis económica mundial con la quiebra del banco de inversiones Lehman Brothers, el 15 de septiembre del 2008, el peso frente al dólar mantuvo una tendencia de apreciación que lo llevó por debajo de 10 pesos por dólar. Después del acontecimiento de Lehman, el mundo cambió y los mercados financieros, especialmente el cambiario, iniciaron una etapa de incertidumbre que aún continúa y que ha presionado las cotizaciones cambiarias, unas más y otras menos, pero prácticamente todas las monedas de países emergentes se han visto presionadas.

Después de que el peso registrara un máximo de 15.50 pesos por dólar en los primeros meses del 2009, comenzó una etapa de fortalecimiento que duró dos años y que llevó al peso a un nivel de 11.50 pesos por dólar en abril del 2011. Cuando parecía que el peso podría regresar nuevamente a niveles cercanos a 10 pesos por dólar, una serie de eventos reactivaron la volatilidad mundial, regresando las presiones sobre el peso.

De manera destacada habrá que mencionar las reiteradas aseveraciones a finales del 2014 del entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, en el sentido de que se acercaba el momento de iniciar la normalización de la política monetaria, a lo que se sumaron eventos como la desaceleración de China, el hundimiento de los precios del petróleo y eventos geopolíticos diversos que exacerbaron la volatilidad en el mercado cambiario, lo que derivó en que el tipo de cambio pasara de niveles de 13 pesos por dólar, en el último trimestre del 2014, a cerca de 18 actualmente.

En la medida en que los movimientos del peso frente al dólar se han hecho más erráticos, se han manejado de manera recurrente dos conceptos que vale la pena comentar, que son devaluación y depreciación. Si bien ambos conceptos hacen referencia a la pérdida de valor del peso, estos conceptos se usan para referir esquemas cambiarios diferentes.

La devaluación hace referencia a la pérdida de valor del peso en un esquema de tipo de cambio fijo o administrado, por lo que la caída en el valor es resultado de una acción deliberada de las autoridades financieras mediante la intervención del banco central; es decir, la reducción en el valor de la moneda no es consecuencia de las fuerzas del mercado. En este caso, la revaluación de la moneda se refiere a la decisión gubernamental de incrementar el valor de la moneda mediante la inyección de reservas del instituto central al mercado cambiario.

Por su parte, el término depreciación se usa en esquemas cambiarios de libre flotación, por lo que el tipo de cambio se determina por la interacción de la oferta y la demanda de divisas, de manera tal que, cuando la demanda es mayor que la oferta, la moneda se deprecia y en el caso contrario, cuando hay más dólares en el mercado, la moneda tiende a apreciarse.

En México tuvimos un esquema de tipo de cambio administrado desde el 10 de noviembre de 1991, cuando se renovó el Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico, hasta el 19 de diciembre de 1994. Este régimen cambiario consistió en dejar que el tipo de cambio flotara dentro de una banda que se ensanchaba diariamente; no obstante, cuando la cotización se pegaba a la banda superior, el Banco de México tenía que intervenir en el mercado cambiario a través de la inyección de reservas con el objetivo de que el tipo de cambio no sobrepasara dicha banda.

En el caso contrario, cuando el peso se fortalecía demasiado y se pegaba a la banda inferior, el instituto central compraba dólares en el mercado cambiario; es decir, acumulaba reservas internacionales, de manera tal que la menor disponibilidad de dólares limitara la revaluación del peso.

Así, la última devaluación que se registró en el país fue el 22 de diciembre de 1994, cuando la Comisión de Cambios decide eliminar el esquema de bandas y se adopta el régimen de libre flotación. En este día, el tipo de cambio registró una cotización de 4.8 pesos por dólar y en los primeros meses de 1995, ante la falta de claridad con respecto a la instrumentación de un programa económico que permitiera hacer frente a la emergencia económica, alcanzó un nivel de 8 pesos por dólar.

Desde entonces y en virtud de que en los últimos 21 años hemos tenido un régimen de libre flotación, los movimientos del peso han sido de apreciación o depreciación, en función de la interacción de la oferta y la demanda de dólares.

Habrá que apuntar que el esquema de libre flotación ha mostrado tener múltiples ventajas, dentro de las cuales vale la pena destacar dos. La primera es que los agentes económicos prefieren conocer el valor de las mercancías y servicios que se comercian en la economía; en este caso, siempre será mejor conocer el valor real del peso en lugar de tener una cotización ficticia resultado de una decisión gubernamental que eventualmente puede cambiar de manera drástica, con consecuencias indeseables en la economía.

La segunda es que con un régimen cambiario de libre flotación, el tipo de cambio tiende a autorregularse; es decir, si por algún desorden coyuntural el tipo de cambio se deprecia en demasía, los propios agentes económicos dejarán de comprar dólares por lo caro que resulta esta operación y, más bien, surgen tenedores de divisas que queriendo aprovechar lo elevado de la cotización empezarán a vender dólares, lo que tiende a apreciar la moneda.

Finalmente, hay que tener presente que la actual depreciación del peso es resultado de un proceso global de aversión al riesgo y no de un fenómeno de fuga de capitales que comprometa la fortaleza de la balanza de pagos, por lo que no nos debería extrañar que una vez que se cierre el actual paréntesis de incertidumbre, el tipo de cambio entre en una etapa de apreciación.

*Manuel Guzman M. es director de Asset Management de Monex. Las opiniones expresadas son del autor y no representan necesariamente la posición de la institución.

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