Hace unos días, el Banco Nacional Suizo (BNS) anunció la imposición de tasas de depósito negativas, en torno al -0.25 por ciento. ¿La razón? desalentar a los inversionistas que acuden a la adquisición de activos en francos suizos, algo que potenció la incertidumbre generada por la crisis de Rusia y la situación actual del precio del petróleo.

Pero para entender mejor como funciona una medida de este tipo, es necesario explicar que una tasa de interés negativa consiste en que los emisores deben pagar un monto específico por el derecho de depositar dinero en los bancos. En este sentido, se resta atractivo a las inversiones en la moneda perteneciente al país que aplica esta política, en este caso, el franco suizo.

Con respecto a este tema, Angelo Ronaldo, profesor de Finanzas y Riesgos Sistémicos en la Universidad de St. Gallen, Suiza, manifestó que tradicionalmente, el franco suizo es el refugio cada vez que hay un shock financiero . Por lo que ahora, quien quiera acudir a esta moneda, deberá pagar un precio.

¿Pero por qué la negativa suiza ante la inversión extranjera en francos? El BNS tiene como mandato mantener la estabilidad de los precios. En aras de cumplir con este objetivo, el organismo se dispone a continuar con la compra de divisas extranjeras para sostener el tipo de cambio vigente de 1.20 francos por cada euro, lo que facilita el flujo monetario en su sistema local.

Al mismo tiempo, existe un factor clave que obliga a mantener el tipo de cambio alrededor de estos valores, como lo es el hecho de que Suiza es un país netamente exportador, por lo que encarecer sus ventas puede generar un impacto negativo en su dinámica económica.

Cabe mencionar que la medida aplica para las entidades financieras que tienen depósitos de acceso inmediato en el BNS, en tanto que éstos sean superiores a los 9.77 millones de dólares.

Efectos de esta medida en el pasado

En 2011, Suiza también anunció la compra de divisas extranjeras para presionar a la baja el valor del franco, cuando se produjo una sobrevaloración de la moneda ante los conflictos que tenían lugar en la eurozona para entonces.

Por otro lado, en junio pasado, el Banco Central Europeo (BCE) aplicó tasas de interés negativas, pero la decisión fue tomada para mantener el flujo de capitales destinados a las inversiones de los países de la región.

También Suecia y Dinamarca han implementado este tipo de políticas en el pasado que aunque lograron bajar los precios de sus monedas, no lograron efectos significativos posterior a ello.

fondos@eleconomista.com.mx