Ricardo Pascoe, ex embajador de México en Cuba, recibe a El Economista pocas horas después de la muerte del expresidente Fidel Castro; habla sobre la sucesión presidencial y sobre la compleja relación México/Cuba.

Con la muerte de Fidel, ¿Raúl tendrá mayor libertad para acelerar reformas?

Raúl pasó gran parte de su tiempo creando espacios para él, de gestión, de administración y de toma de decisiones. Sin embargo, siempre estuvo acotado por dos circunstancias: la primera de ellas, por las repentinas apariciones de su hermano.

Esto quiere decir que Fidel vivía en una nube, por su enfermedad y vejez, pero de repente bajaba a la tierra para incidir en algunas cosas.

La otra limitación para Raúl fue la patrimonialización de los bienes de la Revolución. Esto quiere decir que, entre la vieja guardia de los revolucionarios, se reparten las empresas del Estado. Los viejos revolucionarios mandaban a sus hijos, hermanos, nueras y primos a hacer gestiones en el mundo en nombre de la empresa. Iban creando riqueza, incluso fuera de la isla, y creando un fenómeno que yo denomino: los juniors de la Revolución.

¿Quiénes son?

Son una casta gobernante que actúa con la visión de autoridad sin límites al apropiarse de los bienes del Estado cubano. Raúl no ha podido romper con esa dinámica, incluso, posiblemente forma parte de esa casta. Él promovió esa cultura patrimonialista desde el ejército. Por ejemplo, Cubana de Aviación pertenece al Ejército, como también varios hoteles y tiendas de turismo. El problema del patrimonialismo en Cuba es que tiene una cúpula rica y una población pobre.

¿Los juniors de la Revolución se han aprovechado del embargo de EU?

Ellos temen mucho que la apertura que pregona Raúl les va a restar riqueza. Temen perder sus privilegios.

Al entrar a competir a los mercados internacionales se requiere que las empresas tengan eficiencia, productividad y mejores productos. A las empresas cubanas les va a costar mucho trabajo porque muchas son improductivas e insolventes.

¿Fidel se opuso a las negociaciones con Estados Unidos?

Sí. En la última reunión del comité central que se celebró al principio de este año, Raúl tuvo la intención de llegar a él con la convicción de contar con apoyo del partido para acelerar el proceso. Él sabía que se acercaban las elecciones en Estados Unidos. Fidel se presentó en la reunión y echó atrás la propuesta de Raúl. Fidel logró galvanizar a los sectores internos del comité central sosteniendo que se estaban dando concesiones innecesarias al imperialismo. Leí el resolutivo a través de Internet. Su lenguaje me pareció de los años 60, como si hubiéramos regresado a la Guerra Fría. Raúl se replegó.

Una fuerte pugna entre hermanos no ayudó a avanzar en las reformas...

La pugna es como la de Abel contra Caín; se remonta tiempo atrás, cuando Fidel no pensó en Raúl como su sucesor. Pensó en Carlos Lage como su vicepresidente. Tenía la idea de un rostro joven.

En diciembre del 2014 Estados Unidos y Cuba anunciaron al mundo su restablecimiento de relaciones diplomáticas. ¿Cómo convenció Raúl a su hermano?

Quien en realidad convenció a Raúl de acercarse a Estados Unidos fue Vietnam. Por cierto, Vietnam es parte importante del Acuerdo Transpacífico. La gente se pregunta: ¿cómo es posible que Vietnam haya influido en el acercamiento si en la guerra que sostuvo con Estados Unidos (entre 1955 y 1975) murieron 50,000 soldados americanos?

Recordemos que John McCain fue prisionero en esa guerra y que Estados Unidos la perdió. Raúl se convenció del proyecto, pero quien no lo ha querido asimilar es la franja patrimonialista del comité central del partido. Ese factor está pesando.

México tomó posición en segunda fila desde el acercamiento de Estados Unidos con Cuba.

Cuba no confía en México. La confianza la perdimos desde que estuvo Jorge Castañeda como secretario de Relaciones Exteriores.

La noche en la que el presidente Vicente Fox me dio mis cartas credenciales como embajador en Cuba me dio una encomienda: tu misión es ir a Cuba a mejorar las relaciones políticas, económicas y sociales.

Descubrí rápidamente que la actitud era otra: romper relaciones diplomáticas con Cuba. La estrategia era de Castañeda, conté con evidencias posteriores, y consistía en un acuerdo con Washington para aliarse con el presidente Bush y con Condoleezza Rice, la vieja teórica de la Guerra Fría, que ya no existía pero seguían pensando en ella, con la vieja Rusia amenazante y Cuba inserta en esa órbita.

Hubo una contradicción porque desde el Consejo de Seguridad de la ONU México votó en contra de la invasión a Irak.

Nunca lo he entendido. Un día Castañeda me llamó por teléfono y me dijo que tenía información sobre la intención de Cuba por romper relaciones con nuestro país. Fue después del capítulo comes y te vas . Le dije que no era cierto. La información que yo tenía era en ese sentido. Cuba no rompería relaciones con México.

¿Por qué los canadienses se adelantaron a nosotros en el capítulo del restablecimiento de relaciones EU-Cuba?

Los cubanos prefieren ir con ellos por las enormes inversiones que tienen en la isla. Los canadienses dicen: No estoy de acuerdo con tu régimen, pero invierto . Canadá invierte en minería; el níquel es el gran producto que exporta Cuba. Son grandes inversiones que hacen en Cuba. También invierten en generación eléctrica y de extracción de petróleo.

Raúl Castro prefiere las inversiones canadienses sobre la retórica mexicana de cómo nos amamos, la música y lo que compartimos; México no invierte en la isla. México está fuera de la jugada.