Bucarest. Rumania vivió manifestaciones antigubernamentales sin precedentes desde la caída del comunismo en 1989, contra una controvertida decisión del gobierno socialdemócrata destinada a suavizar la legislación anticorrupción, que provocó preocupación en Bruselas (Unión Europea) y varias cancillerías extranjeras.

Según varios medios nacionales, entre 200,000 y 300,000 personas salieron a las calles de todo el país, la mitad de ellos en Bucarest, donde se desplegaron un millar de policías. Hubo también concentraciones en grandes ciudades como Cluj, Sibiu o Timisoara y en localidades de menor talla.

En la capital, la protesta terminó con enfrentamientos. Cuando la mayoría de manifestantes ya se había dispersado, grupos aislados comenzaron a arrojar petardos, piedras y botellas contra las fuerzas del orden, que respondieron lanzando gases lacrimógenos.

Con gritos de sin violencia y ¡así no! , otros manifestantes intentaron interponerse. Un puesto de periódicos fue incendiado.

Según el secretario de Estado, Raed Arafat, dos policías y dos manifestantes resultaron heridos leves y fueron llevados al hospital.

‘Retorno hacia atrás’

¡Ladrones! , vergüenza , dimisión , habían gritado los manifestantes durante cinco horas en un frío glacial, indignados ante la adopción por sorpresa, a última hora del martes, de un decreto urgente que puede proteger a políticos de acciones judiciales.

Sus detractores consideran que esta revisión penal está hecha a medida para diputados y otros representantes políticos del gubernamental Partido Socialdemócrata (PSD).

El texto despenaliza varias infracciones y sólo castiga el abuso de poder, un cargo frecuente en el país, con penas de cárcel si provoca un perjuicio superior a los 44,000 euros (casi 1 millón de pesos).

Debería, entre otros, permitir al líder del PSD, Liviu Dragnea, escapar al principal cargo que se le imputa en un juicio por empleos ficticios que comenzó el martes.

Ya era hora de que la gente se despertara y dejara de aceptar tantos abusos , dijo Daniela Crangus, una informática de 31 años que manifestaba en Bucarest.

Bianca, otra joven de unos 30 años, quien también participó en la manifestación, denunciaba por su parte un retorno hacia atrás en materia de lucha contra la corrupción.