Washington. Las expectativas en materia migratoria que colocó sobre la mesa el entonces candidato a la presidencia Joe Biden se están enfrentando a un entorno difícil de asimilar.

Desde que el presidente Biden llegó a la Casa Blanca justificó la continuidad de la política migratoria de Trump a través del título 42: del estatuto del Código de EU que se ocupa del bienestar y la salud pública. Alegando el tema de la pandemia.

En los círculos cercanos al presidente mexicano se escuchan voces sobre cierto escepticismo sobre el supuesto cambio en política migratoria. Por ejemplo, sobre los menores de edad Biden había dicho: “no los vamos a dejar solos”, pero la semana pasada reculó: “no envíen a sus hijos”.

En el terreno de la corrupción, el gobierno de EU está cuestionando la viabilidad de sus ayudas a Centroamérica debido a que, precisamente, la señala como uno de los motivos que incentivan la migración de centroamericanos hacia el norte.

Ricardo Zúñiga y Juan González han sido enviados de Biden para que presionen a presidentes centroamericanos y poner sobre la mesa las condiciones de colaboración. México podría recibir presión sobre el tema, y adicionalmente, en el tema de seguridad.

Para la académica Ana Teresa Gutiérrez del Ciid, “Estados Unidos implementa una política de doble rasero porque tenemos el caso de la empresa Burisma Holding donde el hijo de Biden, Hunter, formó parte del Consejo Ejecutivo y recibió transferencias bancarias cercanas a los 4 millones de dólares. También organizó un encuentro con empresarios ucranianos y su padre para cerrar contratos”.

Por lo anterior, Del Cid señala que el gobierno de México debe de defender sus posturas.

Biden dijo ayer que resucitó un plan para aumentar las admisiones de refugiados este año a 62,500, después de provocar una ola de críticas de sus partidarios.

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