El presidente Obama y el candidato republicano, Mitt Romney, se enfrentaron anoche por las oportunidades económicas, la reforma migratoria y la política exterior en su segundo debate, un evento que ofreció peligros y posibilidades para ambos, ahora trabados en una carrera prácticamente empatada a tres semanas de las elecciones .

El afilado intercambio al inicio del debate marcó la pauta durante los 90 minutos que duró el enfrentamiento y destacó la actuación de un Obama más comprometido y preparado que el del primer encuentro, hace casi dos semanas en Denver.

Las preguntas, que ocuparon temas como el ataque al Consulado estadounidense en Libia, la política fiscal, el control de armas y la situación de las mujeres mostraron algunos duros intercambios y claras distinciones entre los dos candidatos.

En momentos, ambos contendientes discutieron cara a cara, la primera ocasión acerca del historial de Obama en permitir que tierras federales se utilizaran para la extracción de petróleo y la producción de otro tipo de energías. Los dos dejaron sus asientos para debatir la cuestión, interrumpiéndose el uno al otro en un airado intercambio.

Cuando Romney acusó a Obama de ser responsable de los precios de la gasolina, Obama respondió con una frase que se volvería común: Eso no es cierto, gobernador Romney, eso simplemente no es verdad .

Los riesgos y el nivel de incertidumbre, mientras los candidatos tomaron el escenario por segunda ocasión, permanecieron inusualmente altos después de una desconcertante actuación del Presidente en el primer debate, un portentoso orador que lució llano y defensivo a diferencia de Romney.

Cada candidato llegó al campus de la Universidad de Hofstra en Hempstead, Nueva York, con una misión diferente.

Obama buscó tranquilizar a una base democrática agitada con la defensa de su trabajo y al lanzarse contra las propuestas de Romney de una manera más aguda.

Romney también habló enérgicamente en favor de sus políticas. Su objetivo era convencer a muchos de los votantes que su propuesta va más allá que el resultado de una mala noche para el Presidente.

Pero en esta ocasión, Romney fue menos capaz de desestabilizar a Obama.