Millones en Irán votaron el viernes en una elección preparada para entregar la presidencia a un juez de línea dura que está sujeto a sanciones estadounidenses, pero el malestar por las dificultades económicas originó que muchos escucharan los llamados a un boicot.

Las autoridades pidieron una gran participación comicios considerados ampliamente como un referendo sobre su manejo de la economía, incluido el aumento de precios y el desempleo, además de un colapso en el valor de su moneda.

"Insto a votar a todos los que tengan una visión política", dijo el jefe de la judicatura, Ebrahim Raisi, el favorito en la contienda, tras sufragar. "Las quejas de nuestra gente por las dificultades son reales, pero si esa es la razón para no participar, entonces está mal".

Aunque la televisión estatal mostró largas colas en los colegios electorales de varias ciudades, la agencia semioficial de noticias Fars informó que habían votado 22 millones de personas, 37% del electorado, citando a su propio reportero. El Ministerio del Interior dijo que no podía confirmar las cifras de participación.

La televisión estatal dijo que la votación terminó oficialmente a las 19:30. Sin embargo, el Ministerio del Interior dijo que la elección se extendió por dos horas en algunos colegios electorales de todo el país para permitir que los que llegaran tarde emitieran sus votos.

Se espera que los resultados finales se anuncien a mediodía del sábado.

Después de votar en la capital, Teherán, el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, instó a los iraníes a seguir su ejemplo, diciendo que "cada voto cuenta, vengan a votar y elijan a su presidente".

Raisi, de 60 años, está respaldado por halcones de la seguridad en su intento por suceder a Hassan Rouhani, un pragmático al que la Constitución le impide cumplir un tercer mandato de cuatro años en el cargo, que dirige el gobierno en el día a día y reporta a Jamenei.

Respaldado por el poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, Raisi -un aliado cercano de Jamenei que promete luchar contra la corrupción- fue sancionado por Estados Unidos por su presunta participación en ejecuciones de presos políticos décadas atrás.

Aunque cientos de iraníes, incluidos familiares de disidentes asesinados desde la revolución islámica iraní de 1979 y presos políticos, han pedido un boicot electoral, se espera que el núcleo de partidarios del sistema apoye a Raisi.

Una victoria de Raisi confirmaría la desaparición de políticos pragmáticos como Rouhani, debilitados por la decisión de Estados Unidos de abandonar el acuerdo nuclear y volver a imponer sanciones, en una decisión que sofocó su acercamiento a Occidente.

Las sanciones redujeron drásticamente las exportaciones de petróleo de 2.8 millones de barriles por día en 2018 a un mínimo estimado de 200,000 en algunos meses de 2020, aunque los volúmenes han aumentado desde entonces. La moneda local, el rial, ha perdido 70% desde 2018.

Con la inflación y el desempleo en torno a 39% y 11%, respectivamente, el liderazgo clerical necesita una alta afluencia a las urnas para fortalecer su legitimidad, dañada tras una serie de protestas contra la pobreza y las restricciones políticas desde 2017.

Los sondeos oficiales sugieren que la participación podría ser de 44%, muy inferior a 73.3% de 2017.

Jamenei, no el presidente, tiene la última palabra sobre las políticas nuclear y exterior de Irán, así que una victoria de Raisi no interrumpiría el intento de Teherán de revivir el acuerdo nuclear de 2015 y librarse de las sanciones.