Tegucigalpa. La empresa que mantiene las cámaras de seguridad en las calles de uno de los países más peligrosos del mundo las apagó desde hace semanas porque el gobierno no les ha pagado los millones de dólares que le debe. La compañía ahora amenaza con suspender la frecuencia de los radios portátiles que usan los policías para comunicarse.

El Ejército no recibe su salario de manera regular desde septiembre y sólo el viernes pasado les pagaron parte del sueldo de diciembre. Los maestros protestan casi diario porque desde hace seis meses el gobierno no ha podido pagarles, mientras que los médicos se quejan porque desde octubre no hay suficiente insulina para los diabéticos, anticoagulantes para evitar los infartos o insumos básicos como gasas y guantes.

Honduras, un país al borde de la quiebra desde hace meses, enfrenta una crisis fiscal y financiera mientras que los diputados del país se han demorado en aprobar el presupuesto general. El país también tiene una enorme deuda externa, 5,000 millones dólares, adquirida en los últimos cinco años, que equivale al presupuesto general de la nación.

La crisis financiera se suma a la sensación general de que Honduras es un Estado fallido con una de las tasas de homicidios más alta del mundo, con el narcotráfico que ha invadido sus ciudades y costas y la inexistencia de justicia constitucional desde hace mes y medio.