Helsinki. La ausencia del ruido que emiten los cláxones puede llegar a perturbar a cualquier persona que domine este espantoso lenguaje prehistórico, pero sólo durante 10 segundos. Después, uno se da cuenta que está siendo protagonista de un tránsito hacia un estadio de paz sin la necesidad de visitar al psicoanalista; el silencio como terapia regeneradora. Así es Helsinki, una ciudad donde no hay policías en las calles y donde los bosques son el eje de gravitación de emociones humanas.

La escasez de cajeros automáticos puede activar alarmas entre quienes insisten en asociar lo tangible con la confianza. Así, los lectores de tarjetas de crédito convierten a los cajeros humanos en estatuas con voz.

Es sábado, 10:30 de la noche y no hay sombras debido a que, durante el verano, el exceso de luz es bondadoso. Las aguas del Báltico rodean un magnífico bosque llamado Lapinlahti Lappviken, al oeste de la ciudad. Grupos de jóvenes sumergen sus pies en la arena de la pequeña playa esperando la caída del sol como si les urgiera la oscuridad.

Aada, Emma y Yukka celebran la culminación de sus carreras universitarias tomando Champaña. Dos de los tres tienen opiniones encontradas sobre la reunión de Trump con Putin. Aada, cuyo novio se encuentra estudiando en Estados Unidos, defiende a Trump porque representa a la mitad de los estadounidenses que votaron por él. Emma y Yukka dedican buenas palabras al presidente ruso por su perfil de líder y critican al estadounidense por su perfil racista.

Lo que unifica sus opiniones es que a los tres les gusta que Finlandia se convierta en territorio mediador y aplauden el rasgo de armonía y paz de su nación.

A 50 metros, de un salón de fiestas escapa el sonido festivo de “Happy”, la canción de Pharrell Williams. Felices, por motivos de sobra, unos novios bailan rodeados por sus amigos. El espectáculo se puede observar tras una enorme ventana con vista desde la playa. Varios invitados se encuentran sobre un balcón del salón fumando, tuiteando y/o rescatando aire. Algunos de ellos descienden hasta la playa.

A Venia le sorprende la pregunta sobre la reunión de los presidentes pero con rapidez manifiesta su “envidia” por los británicos que salieron la semana pasada a las calles de Londres y de otras ciudades para protestar contra la visita de Trump. “Tendríamos que mostrar nuestro repudio contra el presidente de Estados Unidos; yo no lo hubiera invitado, es un presidente que está loco”, comenta, Venia.

Helsinki no es Londres. No se anuncian manifestaciones en contra de Trump. El exceso de luz, calor y educación, junto a la ausencia de ruido y policías, lo mejor para los finlandeses es aprovechar el verano y olvidase de la política.

Así parece.