Cuando Rex Tillerson llegue a la secretaría de Estado, una vez que lo ratifique el Senado de Estados Unidos, se encontrará con que un grupo de alto nivel renunció o lo despidieron. Se trata de un éxodo masivo de funcionarios que no desean entrar en la dinámica del presidente Trump, y quizá, porque ya les toca jubilarse.

El subsecretario de Administración del Departamento de Estado, Patrick F. Kennedy, un funcionario de carrera en el servicio exterior, planea jubilarse informó la dependencia. A él se unen dos secretarios asistentes, Joyce Barr y Michele Bond, quienes renunciaron el miércoles. ?Gentry Smith, que dirige la Oficina de Misiones en el Extranjero, también dejará su cargo.

Los cuatro se unen a una creciente lista de diplomáticos de carrera que se niegan a mantenerse durante el gobierno de Trump. La lista incluye a Victoria Nuland, secretaria asistente de Asuntos Europeos y de Eurasia, así como a Gregory Starr, secretario asistente de seguridad diplomática. Starr se retiró el día de la toma de posesión.

Aunque ninguno de los funcionarios ha vinculado su salida explícitamente a Trump, muchos de los diplomáticos han expresado en privado sus preocupaciones de servir a su gobierno, dadas las posturas poco ortodoxas que ha tomado en varios asuntos de política exterior.

Trump aún no ha cubierto muchas de las vacantes diplomáticas de alto nivel, incluidas las subsecretarías. Se espera que el Senado confirme a su nominado para encabezar el Departamento de Estado, Rex Tillerson, la próxima semana.

Kennedy, quien contaba con la confianza tanto de demócratas como de republicanos, fue designado a la subsecretaría en el 2007 por el presidente George W. Bush y se mantuvo en el cargo durante todo el gobierno de Obama. El que ocupe ese puesto tiene la responsabilidad de supervisar el presupuesto, las finanzas, la seguridad, las instalaciones globales y los servicios consulares del departamento.

Kennedy, diplomático desde 1973, fue criticado por la insuficiente seguridad del departamento en el puesto diplomático de Bengasi, Libia, en el que cuatro estadounidenses fueron asesinados en el 2012. Durante tensas audiencias legislativas, Kennedy defendió a la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, por su manejo de la situación e insistió en que no se dio una orden a las Fuerzas Armadas estadounidenses de que se retiraran durante el atentado.

Los registros también muestran que Kennedy solicitó la ayuda del FBI en el 2015 para modificar el nivel de confidencialidad de un correo electrónico del servidor privado de Clinton. A la larga el FBI rechazó la petición.

Es posible que la salida de grupo represente la primera etapa de varias renuncias. La siguiente sería la de embajadores que piensan radicalmente distinto al presidente Trump.

Sobre la ratificación del Senado, con el visto bueno de Marco Rubio, es probable que la próxima semana Rex Tillerson llegue por fin al sillón de su puesto de secretario de Estado.