Dubai. Para los líderes de la parte iraní del Golfo Pérsico, los últimos días les han ofrecido algunas duras lecciones en la política del petróleo.

Los iraníes se quedaron contemplando como espectadores frustrados mientras el líder de su aliado más influyente, China, inició una gira por estados del Golfo Pérsico y conversaciones con el principal competidor regional de Teherán, Arabia Saudita. Otros dos de los principales clientes del petróleo iraní, Corea y Japón, también enviaron delegaciones de alto nivel al Golfo Pérsico para discutir garantías de suministro en caso de alinearse con la presión liderada por EU para recortar las importaciones de crudo iraní.

Irán advirtió claramente a sus vecinos sobre la consolidación de cualquier acuerdo que pudiera atentar en contra de sus ingresos. Los gobernantes del Golfo apenas y parpadearon.

Esto pone de manifiesto la creciente confianza entre los árabes del Golfo, todos aliados cercanos de EU, para hacerle frente a Irán en lo que ellos consideran las duras realidades de la región: cualquier ganancia para los chiitas de Irán es percibida como una pérdida para sus rivales suníes liderados por Arabia Saudita.

De igual manera expone que cualquiera que sea la postura política del Golfo es poco probable que se aleje demasiado de la postura de Washington.