Madrid.- "¡Sí se puede, sí se puede!", gritaba una multitud a la entrada del Instituto de Educación Secundaria Tirso de Molina, en Madrid, y donde se localizaba uno de los 23,000 colegios electorales donde se celebraban las elecciones generales de España. Eran las 12:30 horas del domingo, y Pablo Iglesias, secretario general del partido Podemos y candidato a la Presidencia General de España se acercaba para emitir su voto.

"¡Presidente, presidente!", gritaban simpatizantes entre empujones, en medio de periodistas y el equipo que acompañaba a Iglesias. Había de todo: mujeres y hombres; niños, jóvenes, adultos, y personas de la tercera edad.

Con una sonrisa en el rostro, Iglesias se abría paso entre la multitud que abarrotó el estrecho pasillo que dirigía a la mesa de votación en el interior del instituto educativo, y que durante más de 20 minutos estuvo al borde del colapso. Seguidores querían una foto en su celular, un abrazo o proferir alguna palabra de aliento al candidato; las cámaras de los medios de comunicación buscando documentar y con micrófono en mano intentando obtener alguna declaración; algunos votantes molestos por lo complicado que se había tornado el ambiente; y los guardias de la seguridad intentando poner algún tipo de orden.

"Es una jornada electoral histórica. Esta noche seguramente la historia de nuestro país y puedo desear la máxima participación para que haya un antes y un después; nuestro país está viviendo una transformación y estoy convencido que los ciudadanos de nuestro país van a dar una lección democrática el día de hoy", dijo el candidato a la prensa, momentos después de emitir su voto.

Iglesias era el último de los candidatos de los cuatro principales partidos políticos que acudían a emitir su voto en una jornada que arrancó a las 9 de la mañana. El primero fue Albert Rivera, de Ciudadanos quien sufragó en Barcelona; después lo hicieron Mariano Rajoy, por el Partido Popular (PP) y Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero de España (PSOE) en Madrid.

El día había llegado. No se trataba de una elección general más para renovar el Parlamento español y la posterior investidura de un presidente. Era una jornada en la que España rompería con el bipartidismo gestado en la tradición política –con el PP en la derecha y el PSOE en la izquierda– para abrir paso a dos nuevos jugadores que romperían con fuerza: Podemos, bajo el mando de Pablo Iglesias, y de corte socialista; y Ciudadanos, liderado por Albert Rivera, de centro-derecha.

Durante el periodo de campaña electoral que duró del 4 al 18 de diciembre, tanto el PP como el PSOE intentaron persuadir al electorado y atacar a los jugadores emergentes ante un escenario donde ningún partido se haga de una mayoría absoluta con 176 de 350 escaños en Parlamento. Sin mayoría absoluta, la conformación del nuevo gobierno tendrá que negociarse entre las fuerzas políticas.

"Habrá que darles la opción para que todos tengan votos en el Parlamento, que tengan escaños suficientes para que para aprobar una ley no sea por decreto y no sea por mayoría absoluta. Eso es muy importante y que respeten la voluntad de la gente que para eso les damos el voto y para eso les pagamos", dijo una de las votantes, Esperanza Martínez, una ama de casa de 54 años.

Lo cierto es que el voto de los que decidan a última hora será crucial para romper con el bipartidismo. De acuerdo con diversas encuestas previas a las elecciones, el nivel superaba el 40 por ciento. María Isabel García, asistente de hogar, 46 años, era una de ellas.

"Estaba entre Podemos y Ciudadanos pero al final voy a votar por Ciudadanos porque Albert Rivera me da más confianza que Pablo Iglesias", dijo momentos antes de emitir su voto.

"Cuando hemos llegado a las papeletas fue cuando mi hijo y yo decidimos por quién votar. A pesar de que mi voto es socialista, espero que los dos partidos emergentes como son Ciudadanos y Podemos presionen y que ni la derecha del PP ni la izquierda recalcitrante no lleguen a dominar el Parlamento ni nada", también reconoció Esperanza Martínez.

La encuesta más reciente, publicada el sábado por el Periódico de Andorra y basada en el Gabinete de Estudios Sociales y de Opinión Pública (GESOP), colocaba a Podemos como la segunda fuerza con una intención del voto del 22%. En primer lugar estaba el PP con un 27% y en tercero, el PSOE con 20%. En último lugar quedaba Ciudadanos con 15%, luego de que el mes pasado hubiera estado en el tercer sitio, según la misma encuesta.

Pero la figura de Iglesias y Podemos es emblemática pues es el resultado del movimiento social de los "Indignados" gestado en el 2011 justo en lo más profundo de la crisis económica.

"Podemos es un partido con menos de dos años, pero una combinación de descontento y optimismo podría representar que el partido y sus aliados puedan ganar docenas de escaños en el Parlamento español, un ascenso político que no tiene precedente en la era de la posguerra europea", escribió el politólogo y columnista del diario The Guardian y autor del libro me"Chavs, la Demonización de la Clase Trabajadora".

"Vamos Pablo que te tienen mucho miedo, que se acaba. Tic-tac, tic-tac", proferían otros simpatizantes de Iglesias, quienes proferían consignas sobr el fin de la hegemonía bipartidista. Ellos siguieron hasta la puerta de un auto compacto color plateado de la automotriz francesa Citroën. Después, la multitud se dispersó.

Pero en las calles de Madrid no había mucho revuelo ni alguna acción de proselitismo en el transcurso de la jornada electoral que arrancó las 9 de la mañana del domingo 20 de diciembre. Parecía un domingo normal. Hasta las 18:00 horas, la participación media del electorado era del 58.36% de un total de 36.5 millones de ciudadanos; esto es 0.7% superior a la participación del 2011 a esa misma hora, de acuerdo con la actualización de las cifras oficiales.

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