Montevideo. Varios objetos se destacan en el despacho del presidente electo Luis Lacalle Pou en la sede de la coalición Todos ubicada sobre bulevar Artigas en Montevideo.

Desde un almanaque personalizado que está fijado en el mes de marzo y tiene fotos suyas y de sus padres, hasta un cuadro con varias quillas de tablas de surf que le regalaron semanas atrás.

El domingo pasado, durante una entrevista con la cadena estadounidense CNN, detrás del presidente electo se pudo ver otro adorno: un conejo rosado de peluche con un tambor y la leyenda de las pilas Duracell, que está delante de varios cuadros entre los que se destaca uno de Luis Alberto de Herrera —su bisabuelo— y uno suyo besando el pabellón nacional.

La historia de este muñeco se remonta al 2015, cuando junto a su equipo más cercano —compuesto por Nicolás Martínez, Roberto Lauf, Aparicio Ponce de León y Juan Seré, entre otros— comenzó a planificar la campaña del 2019 que lo terminó llevando a la presidencia.

Por esos días circulaban en la televisión varios avisos publicitarios de Duracell que tenían como protagonista al conejo y lo mostraban jugando carreras contra pilas de otras marcas, las cuales iban cayendo durante el trayecto, mientras el conejo continuaba hasta llegar como vencedor a la meta.

El equipo visualizó que ese concepto se podía trasladar a la política y que en los cuatro años largos que quedaban hasta las elecciones se iba a repetir en más de una ocasión, por lo que lo incorporaron.

Pero Lacalle Pou no se quiso quedar con el papel y decidió ir un paso más allá. Buscó y encontró en Mercado Libre un peluche como el de la publicidad, que funciona a pilas y toca el tambor, consiguió un electricista que lo arreglara y lo sumó a su escritorio, para tenerlo a mano y observarlo cada vez que le surgía un nuevo contrincante o las mediciones de opinión pública mostraban cambios en el electorado.

La primera vez fue en el 2016, cuando Edgardo Novick anunció que sería candidato a presidente por el Partido de la Gente, luego de tener una buena votación en las elecciones para la Intendencia de Montevideo. Era la novedad y amenazaba con quedarse con parte de los votos que Lacalle Pou había recogido en el 2014, cuando era el recién llegado a las postulaciones presidenciales.

También en el 2018, cuando se supo que el empresario Juan Sartori competiría en el Partido Nacional y por última vez luego de las internas, cuando las primeras encuestas dieron que Ernesto Talvi, el candidato del Partido Colorado, estaba a pocos puntos.

En los tres casos, Lacalle Pou y su comando utilizaron al peluche como imagen para preguntarse qué debían hacer con la estrategia de campaña, que había sido cuidadosamente delineada con  base en información cuantitativa y cualitativa. En julio, por ejemplo, decidieron seguir adelante y no cambiar el rumbo ante lo que parecía por un momento que era una ola colorada que ponía en riesgo el segundo lugar, pero luego fue una “espuma de la cerveza”, como le llamaron en su entorno.

La campaña blanca ni siquiera en esos momentos decidió polemizar con el resto de los candidatos opositores y, por el contrario, Lacalle cuidó la unidad de los que luego serían sus socios de la coalición.

Tras haber llegado a la meta, el peluche espera ser mudado a un nuevo despacho: la oficina presidencial en el piso 11 de la Torre Ejecutiva, donde un nuevo desafío lo espera.

Otro elemento que tiene en un lugar privilegiado del escritorio es un libro. Se trata del El Príncipe, de Maquiavelo, con los comentarios que le hizo Napoleón en notas manuscritas que fueron encontradas entre sus papeles.

Además del infaltable termo y mate que lo acompañaron durante toda la campaña y que ahora están presentes en todas las reuniones y las pastillas Halls —con las que suele convidar a los invitados—, en el centro del escritorio el presidente electo tenía unos papeles titulados “Nombramientos en posiciones clave”, algo en lo que viene trabajando en estos días con más atención, una vez solucionado el tema de al candidatura por Montevideo, que lo tuvo en vilo y en permanentes reuniones durante más de dos semanas. Arriba de esos papeles se podía leer una carta dirigida a la vicepresidenta.

Un poco más cerca del borde de la mesa tenía una libreta abierta y, sobre sus hojas, un trozo de cinta con el pabellón nacional.

Otro objeto que destacaba era una taza con el logo de Oceanosanos, una organización no gubernamental que trabaja en la conservación del mar, a cuyos representantes recibió días atrás. Lacalle Pou es un apasionado del mar, como contó durante la campaña en el ciclo de entrevistas De Cerca, donde dijo que siempre tuvo una “vinculación muy estrecha con el mar”, y que es “un biólogo marino frustrado”.