Inn Din. Uno junto al otro, 10 musulmanes rohinyá vieron a sus vecinos budistas cavar una tumba de poca profundidad. Poco después, en la mañana del 2 de septiembre, los 10 hombres yacían muertos. Al menos dos fueron asesinados a cuchillazos por aldeanos budistas. El resto falleció por disparos de las tropas de Myanmar, dijeron dos de los sepultureros.

“Una tumba para 10 personas”, dijo Soe Chay, de 55 años, un soldado retirado de la comunidad budista Inn Din de Rakáin que dijo que ayudó a cavar el pozo y vio los asesinatos. Los soldados dispararon dos o tres veces a cada hombre, añadió. “Cuando estaban siendo enterrados algunos todavía hacían ruidos. Otros ya estaban muertos”, explicó.

Inmigración masiva

Los asesinatos en la aldea costera de Inn Din constituyen otro sangriento episodio de la violencia étnica que arrasó el norteño estado de Rakáin, en la franja occidental de Myanmar. Casi 690,000 musulmanes rohinyá han huido de sus aldeas y cruzaron la frontera hacia Bangladesh desde agosto. Ninguno de los 6,000 rohinyá de Inn Din permanece en el pueblo desde octubre.

Los rohinyá acusan al Ejército de cometer incendios premeditados, violaciones y asesinatos con el objetivo de eliminar su presencia en Myanmar, un país de 53 millones de habitantes donde la mayoría son budistas.

Naciones Unidas ha dicho que se trata de un genocidio; Estados Unidos dice que se trataría de limpieza racial. Para Myanmar es una “operación de limpieza” en legítima respuesta a ataques de rohinyá.

La presencia de los musulmanes rohinyá en Rakáin se remonta por siglos. Pero la mayoría de los birmanos los considera inmigrantes indeseados de Bangladés y las tropas se refieren a ellos como “beganlíes”. En años recientes, han surgido tensiones sectarias y el gobierno ha confinado a más de 100,000 rohinyá en campos donde tienen limitado acceso a alimentos.