Antigua, Guatemala. La XXVI Cumbre Iberoamericana que se desarrolla en Guatemala está marcada por cambios políticos bruscos en Brasil y México, dos potencias de la región, así como por masivas migraciones por la pobreza en Centroamérica y la crisis en Venezuela.

El ultraderechista Jair Bolsonaro podría aislar de los espacios de debate internacional a Brasil, la principal potencia latinoamericana, aunque cuenta con el apoyo del presidente estadounidense Donald Trump.

Salvo el pleno respaldo de Trump, Bolsonaro hasta ahora ha sido ambivalente en materia internacional. Con él, el futuro del histórico liderazgo brasileño en Latinoamérica es una incógnita.

Colombia también enfrenta una metamorfosis en el multilateralismo con el presidente derechista Iván Duque, que asumió el poder hace tres meses con la bandera de modificar el acuerdo de paz suscrito por su antecesor, el liberal Juan Manuel Santos, con la ya disuelta guerrilla comunista FARC.

Por su lado, México vivirá a partir del 1 de diciembre próximo una transformación radical en la conducción del país.

Ante los recientes “ataques” al multilateralismo, España instó en el cónclave guatemalteco a las naciones iberoamericanas a defender las instancias internacionales como escenarios para evitar la polarización política y de diálogo.

“Creo que es importante que desde aquí valoremos y apoyemos el multilateralismo del que esta conferencia es un claro ejemplo y que ayuda a la comunidad iberoamericana a posicionarse internacionalmente”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores español, Josep Borrell. Sin apuntar a un país o a un gobernante en especial, el funcionario español comparó la coyuntura global con el preludio de la Segunda Guerra Mundial: “Parece como si el mundo se estuviera deslizando a los años 30 y aunque no haya grandes intenciones expansionistas, sí hay aires de venganza, tensiones proteccionistas y ataques a Naciones Unidas”.