Los directores de inteligencia de la nación acaban de informar a Donald Trump sobre la injerencia de Rusia en las elecciones del 2016. Salen de una sala de juntas de la Torre Trump de Nueva York todos excepto el director del FBI, James B. Comey; tenía que decirle algo muy delicado al presidente electo. Un dossier de inteligencia “ampliamente difundido” contenía acusaciones no confirmadas de que los rusos lo habían filmado interactuando con prostitutas en Moscú en el año 2013.

El presidente electo interrumpió de forma fugaz al director del FBI. De acuerdo con Comey, Trump “negó enérgicamente las acusaciones, preguntándome, retóricamente, si creía que él necesitaba acudir con prostitutas”.

La anterior escena ocurrió en enero del 2017 y la explica Comey en su libro de memorias que saldrá a la venta en Estados Unidos el próximo martes.

Con un lenguaje corporal intimidatorio, Trump se inclinó hacia Comey. “No lo estamos investigando, señor”, mencionó el entonces director del FBI. “Eso pareció tranquilizarlo”, sentencia Comey.

Trump se ha obsesionado con el dossier escrito por el británico Cristopher Steele y divulgado por BuzzFeed. En él, Steel asegura que Trump se orinó sobre la cama de un hotel en Moscú en compañía de prostitutas. En ese cuarto pernoctaron Barack Obama y su esposa tiempo atrás.

El pasaje de Obama

En uno de los capítulos, Comey matiza el escenario en el que, dos semanas antes de la elección, hizo pública su decisión de investigar a Hillary Clinton sobre sus correos electrónicos escritos desde un servidor privado, lo que ponía en riesgo los mensajes clasificados. Muchos piensan que el comportamiento de Comey benefició a Trump. Comey describe que el entonces presidente Obama lo mandó llamar para que fuera al Despacho Oval y le dijo: “Te elegí como director del FBI por tu integridad y tu capacidad. Quiero que sepas que nada, nada, ha sucedido en el último año que me haga cambiar mi punto de vista”.

Al borde de las lágrimas, Comey le dijo a Obama: “Caray, esas son las palabras que necesitaba escuchar (...) Sólo estoy tratando de hacer lo correcto”.

Finalmente, Comey describe en su libro A higher loyalty a Trump como un mentiroso congénito y un líder poco ético, desprovisto de emoción humana y conducido por su ego.