Cuando el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo climático de París, fue esa decisión, más que su negativa a respaldar la cláusula de defensa mutua de la OTAN, lo que sacudió a la mayoría de los líderes europeos. Estados Unidos estaba renunciando a su papel de líder mundial.

Las repercusiones para Europa son inmensas.

Las decisiones de Trump sobre la OTAN y el cambio climático debilitan la relación transatlántica. Ésta es una buena noticia para el presidente Vladimir Putin y otros regímenes afines. El líder ruso ahora puede sentarse en el Kremlin y ver su objetivo de debilitar los lazos especiales entre Estados Unidos y Europa tomar forma. Los líderes europeos saben que la Unión Europea (UE) aún no está preparada militar, estratégica y políticamente para establecer sus propias estructuras de defensa independientes, aunque la canciller alemana, Angela Merkel y, el presidente francés, Emmanuel Macron apoyen la idea.

La OTAN sigue siendo su garantía de seguridad. Tendrán que pagar más por ello, como lo ha pedido Trump.

China e India están destinadas a desempeñar papeles económicos y políticos mayores en los próximos años. Al retirarse de los acuerdos de París y de la Asociación Transpacífica, Estados Unidos cede terreno a China. Los retiros dejan a los países asiáticos vulnerables al apetito insaciable de China por su influencia global, como lo han visto los líderes europeos la semana pasada.

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En los últimos días, el primer ministro chino, Li Keqiang, ha sido festejado en Europa. Merkel (que ha visitado China 11 veces desde que asumió el cargo en el 2005) sacó a la alfombra roja para la delegación china. Tome nota: Li Keqiang visitó primero Berlín, la visita a Bruselas fue dos días después.

Los europeos están animados porque China, con muchas advertencias, firmó los acuerdos de París. Ésta es una buena noticia para el sector europeo de las energías renovables que China necesita. Pero China no es un sustituto de los lazos especiales de Europa con Estados Unidos: cualquier pivote europeo para China está pavimentado con rocas.

Por supuesto, la Unión Europea puede presumir que el comercio bilateral con China vale más de 1,500 millones de dólares al día. Pero hay un gran desequilibrio. Las exportaciones de la Unión Europea ascienden a 190,000 millones de dólares al año, casi la mitad del valor de las exportaciones de China al bloque. Merkel y otros líderes de la UE se han quejado repetidamente de que China está descargando acero barato en los mercados europeos.

La buena noticia es que la UE está unida para hacer frente a China en esta cuestión, al afirmar que China está violando las normas antidumping de la Organización Mundial del Comercio.

Hay un cambio, también, con respecto a las compras alborotadas de China en Europa. Varios líderes de la UE critican a Rusia por sus inversiones en Europa. Hasta hace poco, apenas se hacían protestas sobre las inversiones chinas, sobre todo en sectores estratégicamente relacionados, y mucho menos se discutía sobre la transparencia de esas inversiones.

Los líderes empresariales europeos también se están preguntando cómo China puede invertir en cualquier sector que le guste en Europa, pero ¿por qué no ocurre lo mismo con las empresas europeas que operan en China? Por ejemplo, una empresa extranjera tiene que establecer una empresa conjunta con un socio chino. Ir por la libre no es posible.

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Según una encuesta de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, más de 61% de los encuestados dijeron que creen que las regulaciones ambientales son fuertemente impuestas contra las compañías extranjeras. El 14 y 17% informó de que se les aplica enérgicamente contra las empresas privadas y estatales chinas, respectivamente.

Además, sólo 15% de los encuestados dijo que creía que las barreras regulatorias disminuirían en los próximos cinco años. En resumen, las empresas europeas no están convencidas de la agenda de reformas de China y de la retórica sobre el libre comercio.

Como dijo François Godement, especialista en Asia en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, el libre comercio es para China la libertad de exportar, mientras que la UE es un promotor principal de acuerdos comerciales profundos y recíprocos .

Los derechos humanos y el control de Internet son otras cuestiones. Los líderes europeos están empezando a hablar sobre las condiciones en China, de nuevo en marcado contraste con sus declaraciones sobre las violaciones de los derechos humanos en Rusia.

Los miembros de la UE también se quejan de la fortaleza económica de China y los intereses geoestratégicos. China invierte en proyectos de infraestructura, en particular en África y el Medio Oriente, a cambio de productos de primera necesidad y nuevos mercados de exportación. Pero China no los acompaña en la promoción de la ayuda al desarrollo, la asistencia a los refugiados o la seguridad regional. Eso irrita a los europeos, que ponen mucho énfasis en el soft power.

Sin embargo, es el soft power de Europa el que China aprovecha. Debido a que no tiene una mano dura colectivo, Europa no tiene ninguna estrategia sobre la seguridad futura del Mar de China Meridional o sobre Corea del Norte. Ésa es la misión de América.

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Irónicamente, debido a que Trump, como los europeos, tan a menudo ha reprendido las políticas comerciales de China, los europeos y los Estados Unidos no dejan de lado las políticas comerciales proteccionistas de China y sus ambiciones geoestratégicas.

Sin embargo, debido a que la relación transatlántica es tan agria, los líderes europeos tendrán que unirse más que nunca para luchar contra el proteccionismo de China, sus violaciones de los derechos humanos y su falta de disciplina sobre un Occidente debilitado.

Dempsey es miembro del Carnegie Europe y editor del blog Strategic Europe.