Recurriendo a una industria a la que ha reprendido, el presidente Trump nominó a un exejecutivo del sector farmacéutico como secretario de Salud, para supervisar una agencia con un presupuesto de 1 billón de dólares.

La nominación de Alex Azar es inusual porque los secretarios de Salud han tendido a provenir de las filas de funcionarios electos como gobernadores, líderes académicos o gerentes de nivel superior del poder ejecutivo no de las propias industrias que deben ser reguladas por el departamento.

Azar, de 50 años y abogado de profesión, ha pasado la mayor parte de los últimos 10 años con el gigante farmacéutico Eli Lilly.

Como secretario a cargo del Departamento de Salud y Servicios Sociales, Azar tendría que evitar escrupulosamente posibles conflictos con los intereses de largo alcance de Lilly, como la aprobación de medicamentos hasta el rembolso de gastos del Medicare, el programa gubernamental de asistencia médica para los ancianos.

El fabricante de medicamentos ha sido fustigado por los grupos defensores de los pacientes por haber aumentado el precio de uno de sus productos más importantes: la insulina.

Los estadounidenses califican sistemáticamente el alto costo de los medicamentos recetados como una de sus máximas preocupaciones sobre el cuidado de salud, poniéndolo por arriba de temas divisivos como la derogación del programa de salud, conocido como Obamacare, según las encuestas de opinión pública.