Ante la necesidad que tienen los inversionistas de mejorar los rendimientos de su portafolio surge la pregunta: ¿cómo seleccionar la mejor estrategia sin incurrir en riesgos innecesarios? Como asesora de portafolios de inversión, uno de los mayores retos es buscar la diversificación adecuada en las carteras de nuestros clientes con el fin de mitigar esos riesgos mediante la combinación de instrumentos con diferentes características, tales como la región, la moneda, el sector, el vencimiento, etcétera.

Existen estudios que demuestran que el factor más determinante en el desempeño de un portafolio no son los productos seleccionados ni el momento de compra, sino la correcta combinación de éstos.

Estos estudios concluyen que una diversificación apropiada contribuye en más de 90% del rendimiento 1; es por esto que se convierte en uno de los factores centrales cuando queremos definir una estrategia de inversión exitosa.

No cabe duda de que los beneficios de diversificar han sido comprobados y no hay inversionista que no haya escuchado de la importancia de éstos para conformar una cartera. Sin embargo, hay quienes lo llevan a un extremo y puede llegar un punto en el que agregar un producto adicional resulte contraproducente y costoso.

Tener un portafolio demasiado pulverizado implica que el porcentaje asignado a cada producto es demasiado pequeño como para aportar valor a la cartera, y por lo tanto, el impacto que tiene en el desempeño resulta marginal; por ejemplo, podemos realizar un excelente trabajo eligiendo una muy buena acción, pero si sólo asignamos 1% en ésta, aunque tenga un excelente rendimiento, digamos de 20%, el impacto en el rendimiento total será de tan sólo 0.2 por ciento.

Cuando además se incluyen fondos de inversión, también existe la posibilidad de que se dupliquen algunas de las acciones contenidas dentro de ellos, magnificando la concentración y por lo tanto el riesgo de nuestro portafolio; así creemos que estamos diversificándonos cuando en realidad estamos duplicando la exposición a estos instrumentos. Por lo tanto, es necesario analizar si la concentración en ciertos activos resulta o no conveniente y asegurarnos de que los fondos que seleccionemos tengan una estrategia clara y sigan objetivos específicos bien definidos.

Por otra parte, tener en un portafolio demasiados instrumentos complica su monitoreo y podemos perder de vista riesgos que, de tener menos productos, habrían sido más fáciles de identificar. Además, los costos de transacción pueden incrementarse de manera importante, reduciendo nuestro rendimiento.

Como hemos visto, incluir diferentes productos en nuestra estrategia puede ayudar a reducir el riesgo sólo hasta cierto punto, más allá, no hay beneficios incrementales representativos. Incluso hay estudios que demuestran que al agregar más de 20 acciones en un portafolio, los beneficios de diversificar van disminuyendo 2, por lo tanto, es preferible incluir menos productos, pero cuidar la selección de éstos.

Trabajar con su asesor financiero para entender con exactitud sus objetivos de inversión es determinante para lograr una selección y combinación adecuada de instrumentos financieros que le permitan tener niveles de diversificación eficientes y mejores rendimientos.

La autora es estratega de Portafolios BBVA UHN en BBVA Bancomer.

  1. Brinson, Beebower and associates, Determinants of Portfolio Performance, 1986.
  2. Edwin J. Elton and Martin J. Gruber, In their book Modern Portfolio Theory and Investment Analysis.

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