El escenario laboral en México cada día es más complicado y se agudiza la exigencia de un mayor grado de escolaridad para obtener un buen ingreso.

La diferencia entre haber estudiado la preparatoria y haber terminado sólo la primaria, en términos de ingresos, es de 215% más. Si comparamos el ingreso de las personas con secundaria con los que cuentan con una licenciatura, el porcentaje de ingresos promedio es nuevamente el doble.

Esto significa que por cada peso que gana una persona que sólo estudió la primaria, otra que estudió una licenciatura gana 4 pesos.

Por esto y muchas cosas más, tener una carrera profesional toma especial relevancia para el desarrollo de nosotros mismos, pero más aún de nuestros hijos.

Mandar a mi hijo a una universidad privada de renombre es muy caro, eso es sólo para los ricos , es una de las respuestas que comúnmente nos darían si hiciéramos una encuesta sobre obtener una licenciatura.

Por supuesto que a 98% de los mexicanos no le alcanzaría para desembolsar de 300,000 a 500,000 pesos que cuesta una carrera universitaria en una universidad de este tipo en tan sólo cuatro años.

Esto significa pagar de 6,300 pesos a 10,400 pesos al mes, situación que es en verdad difícil.

Los hogares mexicanos, según datos del INEGI, destinan 13% de su ingreso para educación y esparcimiento, lo que nos lleva a que para poder mandar a un hijo a la universidad, se tiene que ganar por lo menos 80,000 pesos al mes si dedicamos 13% completo a la educación, lo cual, efectivamente, suena sólo para los ricos.

Disciplina, punto de partida para alcanzar ?la universidad deseada

¿Pero qué pasaría si se empezara a ahorrar desde el nacimiento de un hijo y hasta que llegara el momento de entrar a la universidad?

El escenario sería muy distinto, sólo habría que destinar 60 pesos diarios durante 18 años, ya teniendo considerado que las colegiaturas sufrirán un aumento constante en este tiempo, es decir, alguien que gana menos de 15,000 pesos al mes podría lograr el sueño de enviar a su hijo a una universidad que parecía inalcanzable.

Viendo los números que presentamos en el párrafo anterior, es bastante alentador poder ofrecerle una alternativa más de educación universitaria a nuestros hijos, sobre todo si es que todavía no los tenemos.

Entonces surge la siguiente pregunta: ¿dónde guardo el dinero que mes a mes voy ahorrando?, en respuesta a esto, hoy las instituciones financieras han desarrollado productos específicos para poder cubrir esta necesidad, normalmente denominados como fondos para la universidad o fondos de educación.

Algunos de ellos incluyen un seguro de vida donde garantizan la educación de los hijos en caso de fallecimiento de los padres y son fáciles de contratar.

También existe la alternativa de invertir en fondos de largo plazo o en carteras diversificadas con compromisos de montos y periodos acordados al inicio del contrato (en caso de que tengamos poca fuerza de voluntad).

Lo más importante para alcanzar una meta de ese tipo es tener la disciplina de ahorrar una pequeña parte de nuestro ingreso para la educación de nuestros hijos.

Ahorrando 60 pesos diarios que se van como el agua, en el café, la comida, la salida al cine, etcétera, podría significar una mejor oportunidad de vida para ellos.

Desde mi punto de vista, es algo que vale la pena y en que poco nos ponemos a pensar.

*La autora es Claudia Pavón Navarrete de Associate Product & Market Intelligence/ Asset Management y Fiduciario Bancomer.

claudia.pavon@bbva.bancomer.com