Con un “borrón y cuenta nueva”, Urbi cierra el final de un ciclo para reiniciar una tercera parte de la historia que inició hace 36 años. Ahora reconstruye cimientos para ser una empresa más rentable, confiable y cumplir con su plan de negocio al 2021.

La viviendera lleva más de 18 meses fuera de concurso mercantil, más de 15 de haberse capitalizado con 1,266 millones de pesos y casi 12 de haber reiniciado operaciones en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).

Cuando se le preguntó a Román Álvarez, director general de Urbi, qué es lo más complicado de un concurso mercantil, no dudó en decir: “la desconfianza”.

El directivo llegó en el 2014 para hacerse cargo de la reestructura financiera que la empresa tuvo que emprender para negociar el pago de deuda por 36,000 millones de pesos, lo que complicó su operación.

El colapso financiero marcaría el fin de la “época dorada” de la entonces tercera desarrolladora de vivienda del segmento de interés social y medio en México, que llegó construir cerca de 40,000 viviendas en un año y alcanzar ingresos por más de 16,000 millones de pesos cada 12 meses.

“Ir reconstruyendo pedacitos de confianza para tener un diálogo y que las cosas caminaran para adelante es muy complicado (...) Entre acreedores hay desconfianza, entre la compañía y los acreedores hay desconfianza, los acreedores hacia la compañía sienten desconfianza”, recordó Román Álvarez.

“Cuando iniciamos el proceso de buscar líneas de crédito (los bancos) no me ofrecían ni agua, después ya me invitaban a comer con una botella de vino. Fueron seis meses de trabajo, de enseñar quiénes somos, quiénes están dirigiendo la compañía, cómo estamos haciendo las cosas, cómo integramos los expedientes para los comités, cómo avanzamos con las obras, cómo vamos en temas de licencias y permisos que son trámites complicados, todo esto fue tomando confianza”, expone.

Para ponerle números al tema de la confianza, explicó Álvarez, Urbi recibió una línea de crédito por 152 millones de pesos para conectar la infraestructura pendiente en todos sus desarrollos, otra línea más por 13 millones de pesos para financiar un desarrollo que prevén liquidar a finales de este mes.

Obtuvo una tercera línea de crédito por 82 millones de pesos para desarrollar un proyecto en Culiacán, Sinaloa y una cuarta por 43 millones de pesos para comprar tierra.

“Regresar al mercado de crédito no es trivial, el hecho de que los bancos me hayan prestado otra vez es síntoma de que estamos haciendo las cosas bien para recuperar la confianza”, aseguró.

Se achica para ser rentable

Urbi ahora es una compañía mucho más chica y más flexible para poder adaptarse a los cambios del mercado. Con una deuda de 337 millones de pesos, 222 millones de pesos en caja, proyecciones de ingresos de más de 1,000 millones de pesos para finales de este año y con 600 empleados, casi los mismos colaboradores que tenía cuando entró en concurso mercantil.

“El tamaño del negocio es más chico, yo ya no hablo de número de casas (...) Reconfiguramos el modelo para estar en el segmento de vivienda del segmento medio, pasamos de un valor promedio de las viviendas de 330,000 a 470,000 pesos”, explicó el directivo.

“Urbi sigue siendo Urbi”, agregó, “sigue con las 16 subsidiarias que tenía; sigue con la cotización de la acción a un precio mucho menor después de un split inverso de uno a uno, pero sigue siendo Urbi”.

Volver a la BMV

Para reactivar sus operaciones en la BMV, la viviendera realizó un split inverso con el que convirtió una nueva acción por cada 1,000 de las anteriores al concurso mercantil. Los accionistas anteriores perdieron su patrimonio y fueron los tomadores de bonos que se quedaron con el control de la empresa. Aún no convecen al mercado, el precio de sus títulos a la BMV fue de 14 pesos y hoy éstos se negocian en 7.45 pesos la unidad.

En esta reconstrucción la empresa quiere aprovechar la demanda de vivienda y ser un competidor relevante, con un “producto que los diferencie”, a partir de los servicios y amenidades dentro de sus comunidades.

“Debemos trabajar todavía en los diferenciadores. Mi reto en el corto plazo es ir metiendo componentes de diferenciación, que con el paso de tiempo ya no me preocupe tanto por el volumen y me concentre mucho más en la parte estratégica de diferenciación”, dijo el directivo.

Temas como el aumento en la inflación, alza en las tasas de interés de referencia y el desempleo son factores de riesgo para el mercado de vivienda en general; no obstante, Urbi reconoce que el impacto finalmente se verá compensado en el valor de la vivienda, pese a ello no prevé una caída en la demanda.

Otros retos son continuar participando con más instituciones financieras para detonar proyectos conjuntos. Aunque en este momento el sector de la vivienda no es particularmente el más atractivo para el sector bancario, se ha convertido en un nicho que pocos sabrán aprovechar, sostuvo el directivo de Urbi. Román Álvarez dijo que en el pasado el sector se enfocó a atender la demanda insatisfecha de vivienda, lo que detonó una sobreproducción, ese fue un problema que se veía venir y que pegó a más de un desarrollador.

Para la firma viviendera, ahora el enfoque no está en atender el volumen, sino en darle al cliente un producto de mejor calidad.