La transición a una canasta completamente diversificada para generación de electricidad tardará un promedio de 65 años, pero en México se comenzarán a ver resultados como crecimiento económico y menor dependencia a una sola fuente de generación en tres años, aunque de mantenerse el esquema de subsidios generalizados, el país corre el riesgo de quedar atrapado en la transición , aseguró Arthur Hanna, director global de la práctica de energía de Accenture.

En exclusiva para El Economista, el experto con casi 20 años en el análisis del sector -además de la experiencia de más de una década en British Petroleum- explicó que México tiene una multiplicidad de opciones tras la aprobación de las modificaciones legales, ya que las autoridades conocen el tamaño del reto de la transición, reducción de la dependencia hacia combustibles fósiles para generación de electricidad e incluso la coyuntura de bajos precios en los mercados spot.

Las autoridades saben del enorme reto que tienen en las manos y de dónde parten, dónde están ahora, reconocen el tamaño del reto y queda pendiente comunicarlo a la población, en lo que corresponde a comprender el daño que provocan los subsidios y los beneficios de la volatilidad , dijo durante su visita al DF para la exposición del Global Architecture Performance Index 2015.

Para este experto, la meta factible de mínimo 20% de generación renovable que se ha impuesto el gobierno mexicano resulta bastante alta en comparación con otras latitudes, además de que la infraestructura para importación de gas -mediante más de 10,000 kilómetros nuevos de gasoductos al 2018- obedece a la coyuntura de precios bajos en América del Norte, pero se debe recordar que estos ductos están diseñados para fluir en dos sentidos y pueden ser utilizados en distintas magnitudes, adaptándose a las condiciones.

El riesgo

Sin embargo, el país corre el riesgo de quedar atrapado en la transición , gracias a que en las discusiones no se lograron acuerdos para eliminar los subsidios generalizados de la electricidad, lo que reducirá el ritmo de implementación como ha ocurrido en territorios como Asia y Sudamérica, cuando México, a su consideración, ya está preparado en términos sociales y económicos para resistir la volatilidad, igual que lo hacen Estados Unidos, Canadá y casi toda Europa.

La industria mexicana ya puede prepararse para aumentos en los precios y beneficiarse de las caídas; el energético es un mercado impredecible, no sabemos qué pasará en unos años o incluso en meses, pero se debe tomar ventaja. México ya puede hacerlo , dijo.

A la mitad de la tabla

En su reporte anual elaborado en colaboración con el World Económico Forum, Accenture ubicó a México en el puesto 55 de 125 países evaluados en 18 rubros que completan el triángulo de análisis de tres grandes sectores: crecimiento económico y desarrollo, sostenibilidad ambiental y acceso universal y seguridad energética.

A pesar de que recientemente se inició la implementación de la mayor reforma energética de la historia, el país cayó 16 puestos en comparación con el año anterior, derivado principalmente de que se incluyeron indicadores, especialmente ambientales, a los que antes no se tenía acceso, como las emisiones de metano, en que los países productores de hidrocarburos cayeron si se comparan con otros que sólo transforman o consumen gas, explicó Arthur Hanna.

En el top cinco se mantuvieron Suiza, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y España, cuya diversificación de fuentes, penetración del acceso a la energía y políticas para reducir emisiones han dado resultados en la última década.

kgarcia@eleconomista.com.mx