En Villa Talea de Castro la única comunicación con el mundo antes del 2013 era a través de una caseta telefónica de línea fija, no había certeza de que el servicio funcionara con fluidez y la llamada costaba entre 15 y 20 pesos por minuto para sus habitantes que se encuentran entre los de más alta marginación de la Sierra Mixe de Oaxaca y ciertamente, también de todo México.

Pero su empeño por no quedarse desconectados del exterior y repudiados siempre por las grandes empresas de telecomunicación llevó a los de esta comunidad indígena a solicitar un permiso especial para ofrecer servicios de telefonía de manera experimental a su misma gente, después a los pueblos de todo su alrededor y ahora, gracias a un buen gesto del IFT, están en la antesala de dotar de telefonía fija, móvil, SMSs, Internet y hasta de aplicaciones móviles a 356 comunidades indígenas de cinco estados vecinos.

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Están a la puerta de convertiste en un operador de servicios móviles como AT&T, Movistar y Telcel, pero de manera no lucrativa pues lograron que el regulador les entregara la primera concesión para uso social indígena que se concede en México y que se traduce como otro de los beneficios tras la reforma del 2013.

Estos indígenas dicen ser incluyentes con las demás comunidades vecinas. En el logotipo de su red de telecomunicaciones se aprecia al cenzontle, el ave que según la mitología ancestral mexicana es el pájaro de las 400 voces, en este caso de tres culturas nativas: Mixe, Mixteca y Zapoteca.

Los de Villa Talea de Castro son el ejemplo de todas aquellas comunidades puramente indígenas y alejadas del país a las que ninguno de los operadores quiso atender por su escasa rentabilidad y de hecho, el espectro radioeléctrico por donde esta comunidad ofrecerá sus servicios son también frecuencias por las que nadie se interesó, porque es lo que en la industria se conoce como pedacería espectral .

Con Talea de Castro el IFT conecta a los indígenas

Este martes el Instituto Federal de Telecomunicaciones autorizó una serie de concesiones para que pueblos indígenas de prácticamente todo el país puedan echar al aire sus señales de radio o para desplegar redes de servicios móviles.

Entre todos esos permisos se hallan las dos concesiones que logró la asociación civil Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias A.C. , quien es la que representa en el ámbito legal a los de Villa Talea de Castro y de otras comunidades vecinas que se han ido sumando al proyecto.

Una concesión permite a este organismo explotar una porción del espectro radioeléctrico y la otra lo autoriza a ofrecer los servicios y con base en ambos permisos Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias A.C. puede comenzar a construir ya su propia red de servicios móviles.

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La intención del regulador es que con esta concesión se fomenten los valores de los pueblos mixe, mixteca y zapoteca, aunque la potencial cobertura que permite el título que entregó el IFT llega a hasta 48 municipios de Chiapas, 29 de Guerrero, 61 de Puebla y 54 de Veracruz, más 164 de Oaxaca.

Con estas concesiones se habilitará a su titular a prestar servicios para la promoción, desarrollo y preservación de sus lenguas, su cultura y sus conocimientos, promoviendo sus tradiciones, normas internas y bajo principios que respeten la igualdad de género, permitan la integración de la mujer indígena en la participación de los objetivos para los cuales fueron solicitadas las concesiones , informó el martes el IFT.

La red indígena de Oaxaca, una red hibrida

En aspecto operacional, la red de Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias se mantiene de otra manera, aunque al final del día puede ofrecer el mismo servicio que los proveedores tradicionales.

Por un lado, la red proveerá de servicios sólo a las comunidades que ampara el título de concesión y las comunicaciones que se realicen hacia y desde un hogar o negocio de la misma comunidad, y éstas no pagan el costo de roaming, además de que las llamadas o SMSs son mucho más económicos que con el resto de los operadores.

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Pero cuando se trata de comunicaciones que salen hacia afuera de la red, por ejemplo a la ciudad de Oaxaca, a otra parte de la República o hacia Estados Unidos, la comunicación viaja por un protocolo de Internet ofrecido por un tercer operador y en ese caso se pueden negociar tarifas de interconexión de redes entre las comunidades y el tercer operador.

Ellos son los operadores y dueños de su red. Cada comunidad adquiere y opera sus radiobases en la misma localidad. Todas las llamadas locales dentro de la localidad son manejadas por esa red y cuando una llamada sale de la red, se hace a través de un protocolo de Internet con un operador con el que la comunidad contrata algún tipo de paquete , platica Erick Huerta, asesor de Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias y hoy miembro del consejo consultivo del IFT.

Estas son redes híbridas; se integran por varias redes que son las mismas comunidades. Están en la posibilidad de hacer llamadas ilimitadas, ya no como antes que sus comunicaciones se limitaban a una sola línea , dice Erick Huerta.

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Cada comunidad ahorra, compra y opera su radiobase, su antena de transmisión y gestiona los contratos de energía y demás insumos necesarios. De acuerdo con Alejandro Mayagoitia, presidente de la Ansitel, una antena de transmisión puede costar al menos 50,000 pesos para tecnologías 2G y su alcance cubre entre 1.5 y dos kilómetros a la redonda; a este costo se debe considerar también un presupuesto para la energía eléctrica, terreno y la torre donde se montará la antena.

Las comunidades deben considerar también otro costo adicional con los operadores tradicionales para interconectar a su red con la de ellos.

Son 16 comunidades las que ahora mismo tienen el potencial de instrumentar esta red. Cada comunidad tiene que organizarse para adquirir su infraestructura y operar su red. Las comunidades también deciden sus cuotas de cobro y ese dinero se queda en la comunidad para ir creciendo su cobertura. Estas prácticas permiten mantener los precios bajos y el dinero que llegue permitirá abarcar más y más, pues hay que recordar que esta es una empresa que debe ser sostenible, pero no lucrativa , según Eirck Huerta, asesor del proyecto.

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El título de concesión ampara que Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias explote hasta 4 Megahertz de espectro en la banda de 850 MHz y por ello están en la posibilidad legal de ofrecer los servicios que técnicamente sean factibles y legalmente posibles desde esas frecuencias, destaca a botepronto Alejandro Navarrete, director de la Unidad de Espectro Radioeléctrico del IFT.

En el Cuadro Nacional de Atribución de Frecuencias (CNAF) se establece que a través de la banda de 850 MHz se pueden ofrecer servicios 2G, entre ellos telefonía y SMSs, pero con la evolución tecnológica ahora las comunidades están en la posibilidad de ser servidos con comunicaciones móviles más avanzadas, como 3G y hasta 4G, aunque sería un servicio más lento si ofrecen un Internet móvil por esas frecuencias ahora mismo, añade Alejandro Navarrete.

La tecnología puede evolucionar a la red indígena

Pero con el título de concesión en la mano, las comunidades pueden acercarse a un proveedor externo y contratar capacidad para Internet móvil en la banda Ka, por ejemplo a StarTV que está próxima a lanzar este servicio en el sur-centro del país y por esa misma banda.

A ellos se les abre un abanico de oportunidades con esos títulos para mejorar sus vidas , dice Erick Huerta, del Consejo Consultivo del IFT.

Si la comunidad quiere Internet de alta velocidad desde el inicio, será un tanto costoso; tendrían que usar el satélite y eso no es barato. Pero en un par de años una nueva tecnología satelital estará disponible en México, que mejorará los precios: HTS , explica Alejandro Mayagoitia, de la Ansitel.

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Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias es el nuevo jugador en la industria de los servicios móviles y su ingreso a este negocio deriva que las grandes marcas históricamente han rechazado entrar a comunidades rurales y es por ello que en el pasado estas comunidades se acercaron a la Secretaría de Comunicaciones y la Cofetel y hace unos días el IFT les concedió su solicitud. Su existencia también evidencia que aún falta mucho para llevar conectividad a los pueblos originarios de México.

Este proyecto tira el mito de que para llegar a esas comunidades se necesita una superestructura y obliga a imponer cuotas de cobertura social a las grandes operadoras. Al principio pueden ofrecer telefonía móvil y SMSs a secas; si podrán ofrecer Internet lo veremos más adelante , comenta Aleida Calleja coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Regulación Medios y Convergencia. Y pueden crecer lo que ellos quieran y les permita su título. Si lo que perciben lo reinvierten no significa tener fin de lucro .

Una comunidad apartada y olvidada ahora se va convertir en operador; eso es parte de la competencia , añade Aleida Calleja. Este hecho termina incentivando la competencia, bajando los precios, se sostiene con mayor fuerza en la reforma, conecta a los que históricamente han estado desconectados y saca a las empresas de sus nichos cómodos. Y todo empezó por una caseta telefónica .

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