Han pasado más de tres semanas de uno de los eventos naturales que más impacto han tenido en la vida cotidiana de una buena parte de las poblaciones del centro y sur del país.

El sismo trastocó cientos, quizá miles, de inmuebles tanto habitacionales como de servicios y comerciales, afectó vías de comunicación, dañó drenajes y sistemas de distribución de agua potable, estropeó redes de telecomunicaciones y eléctricas pero, sobre todo, causó pérdidas humanas, desconfiguró familias y obligó a una muy buena parte de la sociedad mexicana a replantearse un modo de vida distinto al que tenía antes del fatídico 19 de septiembre.

Crecimiento Económico

A sólo unas semanas de ocurrido el sismo es poco lo que todavía se puede decir sobre el impacto en términos precisos. No obstante, algunos análisis proyectan una reducción de alrededor de -0.35% al estimado del crecimiento del tercer trimestre del año, que es de 2% (Citibanamex). Para todo el año, el efecto negativo en la tasa de crecimiento, también de 2%, sería de -0.1 por ciento. Proyecciones más pesimistas ubican la afectación en el crecimiento anual por hasta -0.3% del PIB (IHS Markit).

Así, y a juzgar por las cifras, el impacto sería moderado, sobre todo si se le compara con el que tuvo el sismo de 1985 de entre 2.1 y 2.4% del PIB (Comisión Económica y para América Latina y el Caribe, CEPAL). La calificadora Moody’s, incluso, sostuvo que el daño podría no llegar a afectar el desempeño de la actividad económica en lo que resta del año, por lo que decidió mantener sus proyecciones de crecimiento para el 2017 y el 2018.

Si bien el tipo de cambio no sufrió afectación significativa alguna (al menos no directamente por el sismo), otras variables, como las exportaciones, podrían no verse afectadas. En cambio, la producción agrícola en los estados afectados (la Ciudad de México, el Estado de México, Puebla y Morelos) sí podría verse afectada temporalmente, como resultado del ajuste de los días laborales. Recuérdese que los tres primeros representan 25% del PIB nacional. Con lo anterior, es posible que también la inflación llegue a verse afectada en algunas regiones y por un corto periodo de tiempo.

Esfuerzos de Reconstrucción

Otros sectores, como el de la construcción, alimentos y comercio en general, en cambio, podrían verse beneficiados en el corto plazo. La reconstrucción y acondicionamiento de viviendas, escuelas, oficinas, centros de trabajo y monumentos históricos demandará mano de obra y materiales.

Vale la pena mencionar que el gobierno federal estimó que la reconstrucción de los daños causados podría ascender a más de 39,000 millones de pesos (mdp), provenientes de la reparación de 153,000 viviendas, 13,000 escuelas y 1,225 inmuebles históricos, por lo que se generará un impulso económico que podría contrarrestar parcialmente los impactos.

Ante este panorama, la semana pasada el responsable de las finanzas públicas, José Antonio Meade, al comparecer ante la Cámara de Diputados, mencionó que el Paquete Económico 2018 va a requerir ajustes para mitigar los efectos de los huracanes y de los sismos del 7 y 19 de septiembre con el propósito de no heredar los costos de la reconstrucción a otras generaciones.

Lo que queda claro es que será necesario que los sectores público y el privado trabajen de manera coordinada para devolver algo de “normalidad” a la vida cotidiana de quienes habitan las zonas afectadas y se (re)genere la confianza en los tres niveles de gobierno.

Esta columna reconoce el esfuerzo de las instituciones locales y federales (como el Inegi, que levantó una encuesta sobre las afectaciones de los sismos en tan sólo 10 días), pero, sobre todo, al pueblo mexicano, muy en especial a los jóvenes, quienes nos dieron una lección a los no tan jóvenes sobre lo que la solidaridad significa en tiempos de redes sociales.