Las desigualdades persistentes en el mercado laboral son una de las principales problemáticas de México que, en medio de la crisis provocada por el Covid-19, se pronunciarán de manera importante.

La población joven ya enfrentaba mayores desafíos para acceder al empleo en comparación con la población genera. En México la mitad de los desocupados pertenecen a un solo grupo, el de jóvenes de entre 15 a 29 años, mientras que la mitad restante se distribuye en tres grupos que engloban al resto de adultos jóvenes, adultos mayores y personas de la tercera edad, de acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi.

Esta situación se acompaña con una tasa de desocupación en jóvenes significativamente mayor que la tasa general. Con cifras actualizadas al primer trimestre del 2020, se observó que mientras 3.4% de la población económicamente activa total está desocupada, para los jóvenes económicamente activos la tasa asciende hasta el 6.0 por ciento.

Durante la última semana de mayo la Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó sobre esta problemática a escala global, especialmente agravada por la emergencia sanitaria. En el mundo 1 de cada 6 jóvenes menores de 29 años en edad de trabajar se desocupó a consecuencia de la pandemia y aquellos que pudieron conservar sus empleos han experimentado reducciones en sus ingresos laborales, reportó en su informe.

La OIT enfatizó en la importancia de tomar medidas con perspectivas sociales, que consideren que el impacto de la crisis por el Covid-19 no es equitativo y actúe con políticas que protejan a los grupos vulnerables, los jóvenes dentro del mercado laboral.

En México, está problemática es aún más compleja si se clasifica la población joven por estrato socioeconómico. En el país hay 890,416 jóvenes menores de 29 años en edad de trabajar, de los cuales el 64.5% (632,468) pertenecen a los estratos socioeconómicos bajos y medios bajos.

Otra de las problemáticas dentro del mercado laboral es la subocupación, que también afecta de manera desproporcionada a los jóvenes. En este rubro se coloca a toda la población que, aunque sí tiene una ocupación, está en busca de una adicional para completar sus necesidades económicas o de tiempo. Los nuevos esquemas laborales conocidos como “freelance” o “gig economy” podrían encajar en este rubro y la mayoría de la población ocupada en empleos de este tipo son jóvenes o adultos jóvenes.

Siguiendo las cifras de la ENOE, durante el primer trimestre del 2020, una cuarta parte (25%) de los subocupados son jóvenes menores de 29 años en edad laboral y otro 23% son adultos jóvenes de entre 30 y 39 años.

Jóvenes enfrentan triple impacto por Covid-19

Otra de las consideraciones del reporte, que también han abordado la Unicef y la ONU, se centra en la vulnerabilidad de los jóvenes no sólo en el mercado laboral sino en el nivel educativo y la formación profesional en el contexto del distanciamiento social.

En México muchos de los jóvenes menores de 29 años que trabajan, también estudian, lo que implica retos mayores dentro de los nuevos esquemas laborales y educativos a distancia.

La OIT también enfatizó en el “retraso probable” que enfrentarán los estudiantes a consecuencia de la emergencia sanitaria, que, si bien no ha detenido por completo la educación sí ha impuesto filtros y obstáculos para muchos jóvenes.

En México la educación a distancia se presenta también como un privilegio dadas las condiciones de rezago tecnológico de muchas regiones, las brechas digitales, el inequitativo acceso a dispositivos móviles, computadoras o internet e incluso por desigualdades de tiempo expresadas en la carga desproporcional de las labores domésticas y de cuidados dentro del hogar.

De modo que la crisis sanitaria no sólo agudizará las problemáticas laborales y destruirá empleos, sino que, de no actuarse adecuadamente, también profundizará las desigualdades sociales especialmente para jóvenes de bajos recursos o mujeres jóvenes.

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