Después de años de críticas y presiones al gobierno chino por la manipulación de su moneda, el fin de semana pasado el Banco Popular de China decidió dar un paso importante en su política cambiaria, al anunciar que se flexibiliza la operación del renminbi.

Desde que inició la apertura comercial de China, se han experimentado diversos regímenes cambiarios en ese país. Desde 1997, la paridad del yuan frente al dólar se fijó en 8.28; sin embargo, a partir de julio del 2005, se instrumentó un régimen de flotación administrada con el propósito de otorgar un papel más protagónico a la oferta y la demanda del yuan, dentro de una banda estrecha de 0.3% frente al dólar y de 1.5% frente al resto de las monedas.

Este esquema de bandas estuvo vigente hasta mediados del 2008 y permitió que el yuan se apreciara 20 por ciento.

Después de este intento por flexibilizar la operación del yuan, China retomó el esquema de tipo de cambio fijo en el 2008, ante el surgimiento de la crisis hipotecaria en Estados Unidos y su repercusión en los mercados financieros internacionales.

No hay que olvidar que en septiembre del 2008, el gobierno de Estados Unidos decidió no intervenir en la quiebra de Lehman Brothers, evento que ocasionó un fuerte incremento en la aversión al riesgo y la depreciación de las monedas de países emergentes.

La medida adoptada por China, de fijar el tipo de cambio, fue interpretada no tanto como un mecanismo para estabilizar sus mercados en un ambiente de incertidumbre global, sino como un medio para favorecer de manera artificial sus exportaciones.

A partir de entonces, iniciaron las presiones del gobierno estadounidense y en general del G-20, con el fin de que se adoptara un esquema que reconociera la gran cantidad de reservas internacionales que tiene China, lo que por si solo implicaba un tipo de cambio mucho más fuerte.

Bajo esta perspectiva, a partir de ahora, se permitirá que la moneda flote dentro de la banda de +/- 0.5% con lo que se busca precisamente dotar de una mayor flexibilidad a la moneda china.

La banda de flotación es estrecha y el potencial de apreciación muy bajo, aún bajo el escenario de que el renminbi se mueva sobre la banda inferior.

Aunque el ajuste de la política cambiaria de China es modesto, se empieza a definir un nuevo orden económico mundial caracterizado por un mayor equilibrio comercial.

Por supuesto, la primera consecuencia del fortalecimiento de la moneda china es que sus exportaciones perderán competitividad, pero esto a su vez favorecería un desarrollo más equilibrado, pues dotaría de un mayor poder de compra al pueblo chino, al abaratar las importaciones.

Esto no necesariamente es malo para China, ya que en la medida en que se favorezca un mercado interno más sólido, también se reorientarán las inversiones que hasta ahora se han canalizado al sector exportador.

Aunque se podría presentar un impacto modesto sobre el precio de algunos productos internacionales altamente demandados por China, como alimentos, energía y metales en el corto plazo, la inflación importada tendería a disminuir, y en este sentido, se amplia el margen de maniobra para que el banco central no incremente sus tasas de interés, fenómeno que se había constituido como un factor de riesgo a nivel internacional.

De esta forma, China empieza a reorientar su política de crecimiento a través del fortalecimiento de su mercado interno y se abre el espacio para que el comercio internacional se desarrolle de manera más equitativa.

Aunque los cambios serán graduales, la noticia es buena para el mundo, particularmente para los países emergentes con vocación exportadora como México.

*Manuel Guzmán M. es economista en jefe de Ixe Grupo Financiero. Su opinión no representa necesariamente la posición de la institución.

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