La deuda del gobierno de México es estable y no genera preocupación al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Un nivel de deuda de 61%del Producto Interno Bruto (PIB) como el que proyecta el FMI para México durante los próximos cinco años es esencialmente la foto que uno esperaría para uno de los muy pocos países que han conseguido mantener la Línea de Crédito Flexible (LCF) por 10 años, sostuvo el subdirector de Asuntos Fiscales del FMI, Paolo Mauro.

La LCF garantiza dólares para usar en el momento que el acreditado lo decida y sin condicionalidad alguna. Sólo cinco países del mundo han contado con ella: Chile, Colombia, México, Perú y Polonia. Y solamente México ha contado con los estrictos requisitos de estabilidad financiera para mantenerla durante una década, argumentó.

Entrevistado por El Economista explicó que aún si las expectativas para la deuda del gobierno muestran variaciones de uno o dos puntos del PIB en los próximos años, estarán fluctuando alrededor del mismo número. Claramente son condiciones fiscales y de deuda sostenibles y estables, subrayó.

Sobre el bajo estímulo que otorgó el gobierno mexicano en el choque de la pandemia, consideró que esta estrategia abre hoy a México un espacio fiscal que le permitiría dirigir un apoyo mayor en la recuperación. Recursos que pueden fortalecer a los sectores de salud y educación.

En este sentido comentó que la situación financiera de Pemex está distrayendo recursos públicos de inversiones que pueden ser mucho más productivas.

Refirió las conclusiones preliminares de la Misión de expertos que revisó la situación económica del país para resaltar que sería importante postergar los proyectos de refinación mientras la economía termina de recuperarse. Igualmente será deseable que cuenten con socios privados para mejorar los procesos y observó la pertinencia de fortalecer el gobierno corporativo de Pemex.

Una reforma para el mediano plazo

Desde Washington, recomendó que una vez que la actividad económica regrese a la normalidad será importante aplicar una reforma al sistema tributario que permita fortalecer los ingresos públicos.

“Los gobiernos pueden indicar un compromiso con la sostenibilidad a la vez que abordan la crisis actual de varias maneras: por ejemplo, mediante la aplicación de reformas fiscales estructurales: una reforma tributaria o de las prestaciones o pensiones, o la adopción de normas presupuestarias y la creación de instituciones dirigidas a promover la prudencia fiscal”.

Esta es una sugerencia general para todos los países del mundo, no sólo para México, matizó. La referencia de tres a cinco años para ejecutar los cambios en un mediano plazo, se fundamenta en la experiencia internacional.

El funcionario también comentó sobre el momento oportuno para reconstruir los ahorros o buffers. “Es muy temprano para reconstruirlos. Debemos dar pequeños pasos, atender la situación sanitaria. Facilitar que los gobiernos que puedan, continúen apoyando a fortalecer la recuperación, y luego que desarrollen estrategias para aplicar reformas tributarias”.

Un retorno estable

Al conversar sobre el retorno que está ofreciendo México a los inversionistas, expuso que no refleja de forma particular un mayor riesgo respecto de sus pares emergentes.

No tengo ninguna evidencia que muestre un cambio abrupto en la percepción de riesgo que tiene el mercado acerca de México. En este momento, el retorno que ofrece México no es tan diferente del que pagaban antes de la pandemia.

Recordó que el retorno que ofrece el país también refleja el impacto de la inflación, y no se puede perder de vista que en septiembre ésta se ubicó en niveles de 6 por ciento.

Sin embargo, aún considerando la tasa real que ofrece México, no hay un cambio significativo en la percepción de los inversionistas.

ymorales@eleconomista.com.mx