El gobierno endureció la política de ajustes mensuales a los precios de las gasolinas con el fin de evitar un deterioro permanente de las finanzas públicas del país. Aumentó de 9 a 11 centavos el desliz que se aplica cada mes a la venta del combustible.

Con ello, la administración de Enrique Peña Nieto inició el año lanzando la alerta sobre la insostenibilidad del creciente subsidio a los combustibles. Además, compartió la preocupación de algunos miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México sobre las implicaciones de dicho costo fiscal e hizo eco de las recomendaciones que hizo recientemente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y la administración saliente en las memorias documentales de fin de sexenio, elaboradas por la Secretaría de Hacienda, sobre la necesidad de reducir el subsidio a los combustibles.

En las memorias de cierre de sexenio, la Secretaría de Hacienda, puso de manifiesto que sólo una política responsable obliga a continuar con los incrementos mensuales en los precios de las gasolinas hasta lograr la completa eliminación. Argumentó que, en la administración de Felipe Calderón, se tuvo que reanudar la política de aumentos graduales periódicos de los precios ante lo inadmisible que resultó el subsidio.

AJUSTE FAVORABLE

Se estableció que si bien se logró reducir las presiones sobre las finanzas públicas, no se solucionó el problema por completo porque seguimos importando gasolina a precios internacionales por arriba de los nacionales. Por su parte, el Banco de México, por medio de la Junta de Gobierno, externo a lo largo del 2012 su inquietud por la posibilidad de un ajuste brusco en los precios de las gasolinas debido al costo fiscal que se genera en la brecha entre los precios internos y externos. Incluso en la última minuta del 2012, algunos subgobernadores revelaron preocupación por el riesgo adicional para la inflación sobre aumentos en los precios y tarifas del sector público mayores que los previstos (gasolinas, electricidad y transporte).

Un miembro destacó que una corrección en los combustibles generaría inflación en el corto plazo, pero haría más sostenible un ambiente de baja inflación en el largo plazo. Explicó que un ajuste favorable en las finanzas públicas podría generar una baja en las expectativas de inflación de mediano y largo plazo, fortaleciendo la señal de que no habrá dominancia fiscal.

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