En los últimos tres años el peso ha sufrido una depreciación crónica: acumulando más de 54% desde el 2014. A pesar de esto, el indicador del nivel general de precios se ha mantenido dentro del rango objetivo establecido por el Banxico. En contraste, durante el mismo periodo el Índice Nacional de Precios al Productor ha registrado un comportamiento más errático y, en lo que va del 2016, ha mostrado un incremento: en noviembre ascendió a 7.9% a tasa anual, mientras que el INPC, únicamente 3.3 por ciento.

De acuerdo con el último informe trimestral del Banco de México, este comportamiento obedece a que la depreciación de la moneda nacional interviene de forma directa en la dinámica de formación de precios de bienes estrechamente ligados con el mercado internacional y en menor medida e indirectamente sobre el resto de los bienes y servicios, muchos de los cuales forman el INPC.

Así, el grueso del efecto del tipo de cambio sobre el resto de los bienes y servicios acontece a través del ajuste de precios relativos; es decir, el proceso en el que se reequilibran los precios de los bienes con inclinación doméstica y aquellos fuertemente vinculados con el sector externo.

Por conducto del mencionado ajuste los consumidores percibirían eventualmente los efectos de la depreciación cambiaria, aunque este impacto ocurriría de forma rezagada y con menor intensidad de la que supondríamos al evaluar el comportamiento del tipo de cambio y del INPP. La estabilidad con la que se dé dicho ajuste depende de la intervención oportuna y ordenada del Banxico.

En otras palabras, la depreciación provoca que los precios de bienes como el acero, el cobre, las manufacturas intermedias, entre otros, crezcan en mayor proporción que las colegiaturas, el transporte, la renta y muchos bienes de consumo final. Aunque, eventualmente, los precios relativos tenderán hacia un ajuste.

Cabe agregar que existen otras fuerzas en el mercado internacional que pueden moldear el comportamiento de los precios de bienes ligados con el mercado externo, como los precios de commodities determinados por la oferta y demanda global, los cuales comenzaron a recuperarse en el 2016 después del fuerte desplome que sufrieron durante el 2014.