La plantilla del Cruz Azul tiene un valor de 60.9 millones de dólares; dinero con el que podría comprar 29 veces el plantel de su rival jamaiquino en la Concacaf Liga de Campeones, el Portmore United, que consta de 23 jugadores. Distancia que no sólo se refleja en la forma de determinar el valor de la cifra económica de sus futbolistas, también en la estructura del equipo. Por ello, para el equipo caribeño es determinante competir en el torneo.

“Las cosas en Jamaica no son tan buenas como debería ser en el tema del deporte. Por eso, para nosotros es muy importante poder competir en la liga de Concacaf, porque nos permite ser visibles y mostrar el talento con el que contamos a mercados que no llegamos comúnmente y que podemos generar interés. Además de la cuestión de patrocinadores, porque para nosotros es complicado el aspecto financiero”, comenta a El Economista Rohn Rainford, administrador del equipo.

La atracción de marcas comerciales para el Portmore United es complejo, por ello su participación en una competencia internacional significa ratificar su compromiso para demostrarle a los patrocinadores que están con un club profesional.

Una de las principales causas por las que Rainford atribuye su éxito en el ámbito local es brindar el contexto de un equipo profesional a los jugadores, porque en la mayoría de los otros equipos se ven forzados a tener un trabajo a parte del futbol para poder sostenerse. Mientras que a ellos les permiten enfocarse sólo en su deporte. Incluso en los últimos 10 años han podido brindarles uniformes a los futbolistas para competir.

Aspecto común en las principales ligas del mundo, aunque no tanto para equipos caribeños. Previo al partido contra Cruz Azul, el club entrenó en el Estadio Azteca para conocer el campo de juego y se pudo observar que utilizaron el mismo uniforme con el que juegan, a diferencia de otras organizaciones futbolísticas que cuentan con uniformes específicos para entrenar y para los partidos.

En cuanto a la gestión de plantilla, se enfocan en apoyar a futbolistas nacionales para formarlos como profesionales.“Nuestro sistema es enfocarnos en el talento que existe y juntarlos en una estructura ideal. Los contactamos con talento limitado y les ayudamos a pasar al siguiente nivel. Es complejo, porque involucra gastos diarios en nutrición, transportarlos, cuestiones médicas, entre otras. Pero aunque sea de manera lenta, estamos creciendo para ser regulares en los torneos de la Concacaf”, expresa Rohn.

En el último periodo de transferencias, el equipo colocó tres jugadores en el extranjero: en la primera división de Costa Rica, en la segunda división de Finlandia y a Estados Unidos.

A pesar del crecimiento, atraer a los aficionados representa un tema complicado. En el partido que disputaron contra Cruz Azul lograron una entrada aproximada de 800 personas en el Estadio Nacional de Jamaica, que utilizaron por ser competición internacional y tiene capacidad para 35,000 aficionados. Regularmente sus partidos como local son en el Ferdi Neita Sports Complex, que tiene una capacidad de 3,000 personas.

Para su partido en el Estadio Azteca, la Concacaf los apoyó en cuestiones de logística para el viaje y alimentos. Respecto a su operación financiera, cuentan con soporte de la Federación de ­Futbol de Jamaica y el gobierno local; su inversión la dirigen a difundir anuncios en televisión y otros medios para atraer al público al futbol.

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