El bolígrafo más caro de España tiene un costo de 790 euros. Es un objeto normal, tinta viscosa, punta afilada y tapa de plástico, pero además de que la pluma sirve para escribir, en sitios de internet viene acompañado de una entrada para la final de la Europa League entre Atlético de Madrid y Olympique de Marsella.

Según el Real Decreto 2816/82 que regula las actividades recreativas y espectáculos deportivos en España, la reventa callejera de boletos está prohibida, puede costar un arresto a los involucrados y en algunas regiones del país multas que van de 60 a 30,000 euros.

El portal de venta boletos de la UEFA indica que el precio más alto por una entrada de la final del próximo miércoles es de 100 euros, pero en portales web ilegales llega hasta los 800 euros. Los aficionados de Atlético de Madrid y Marsella tienen que recurrir a la venta ilegal, porque el organismo europeo de futbol adjudicó 11,552 entradas a cada club, de los 59,186 lugares que tiene de aforo el Parque Olímpico de Lyon.

Desde la instauración de la Europa League, como torneo que remplazó a la Copa de la UEFA, el organismo del futbol europeo se adjudicó, a lo largo de las últimas ocho ediciones del torneo, 60% de los boletos para la final del torneo continental, que sirven para satisfacer la demanda de boletos de aficionados de todo el mundo y para cumplir con compromisos comerciales con la federación local que organiza el partido, en este caso la federación francesa.

Para el partido final de la Europa League de la temporada 2017-2018, la UEFA puso a la venta 23,000 entradas a través de su portal web para aficionados de cualquier parte del mundo, eso significa 63% del total de entradas que tiene para el partido, el restante (13,082 boletos) lo reparte entre los socios comerciales del torneo (FedEx, Amstel, KIA Motors y Molten) así como con la federación sede del estadio, en este caso la federación francesa, directivos de la UEFA y para planes de categoría hospitality y empresarial.

Datos obtenidos de StubHub, la plataforma de venta de entradas por internet, indican que los aficionados de nacionalidad francesa son quienes más compras han realizado para la final de Europa League, con 25.4%, seguido de los ingleses (21.3%) y españoles (16.9%), el resto del tercio de entradas en oferta para el partido se reparte en 27 países diferentes.

En las últimas ocho ediciones de la final de Europa League, a los equipos que participan les corresponde, en promedio, dos de cada 10 boletos, en algunos años incluso menos. La modalidad ha provocado finales con gradas vacías, como la edición entre Sevilla y Dnipro del 2015, donde el estadio Nacional de Varsovia tuvo 79.6% de asistencia.

“No tenemos ninguna duda de que, actuando una vez más a espaldas del aficionado, volveremos a asistir al lamentable espectáculo de ver multitud de localidades vacías en el estadio, mientras a miles de aficionados se les niega la posibilidad de asistir al encuentro. La Unión solicita al club Atlético de Madrid que transmita nuestra queja a los responsables de la UEFA de manera oficial”, expuso en una carta la Unión de Peñas de Atlético de Madrid.

Para Benito Pérez González, experto en marketing deportivo por la Universidad Isabel I de España, además de los factores comerciales para que la UEFA se quede 60% de las entradas de la final, existen motivos de seguridad que ayudaron a controlar el número de aficionados en los partidos y eso evito incidentes violentos en el pasado.

Sin embargo, para ambas finales europeas de este año, “la seguridad no estará garantizada, ya hay una advertencia de grupos radicales de Marsella para el partido en Lyon y ya hubo enfrentamientos de aficionados franceses en el estadio de Atlético de Madrid hace unos años. El fanatismo vuelve a ser tema de preocupación en Europa, sobre todo en el parte este del continente, donde se desarrollará la final de Champions, en Kiev, Ucrania”, señaló el experto.

La demanda de boletos de los aficionados españoles y franceses para la final sobrepasa la oferta que otorgó UEFA a los equipos. Tan sólo Atlético de Madrid consiguió 54,000 abonados para los juegos de local en su estadio, que significan cuatro veces más el número de entradas que por acuerdo les tocó para la final.

Sevilla y Dnipro fueron los equipos que menos boletos recibieron para la final, 7,500 entradas cada club; mientras que en proporción del aforo del estadio, el mismo equipo español y Liverpool obtuvieron 26.5% cada uno, de los 38,512 asientos del St Jakob Park, en Suiza.