Ricardo La Volpe se niega a evolucionar tecnológicamente, situación que para nada lo hace menos capaz. El entrenador argentino de Atlante es de esos estrategas que siguen optando por un pizarrón y un plumón en lugar de explicar qué táctica será la adecuada para encarar el próximo partido en un sofisticado aparato electrónico como el iPad.

Tampoco las pizarras con fichas que se adhieren a la tableta son de su agrado. Lo suyo es el trabajo en el césped. Y cuando necesita hacer algo de manera gráfica, sus dos manos y sus 10 dedos le bastan para dejarles claro a sus pupilos qué deben hacer durante el partido.

Pero lo que pueda plasmar y explicar el exentrenador de la Selección Mexicana con plumón en mano termina siendo insignificante frente a las horas que pasa dentro de la cancha, con ensayos que duran hasta tres horas, sólo tomando en cuenta lo táctico.

Ricardo no hace el clásico interescuadras en el que el equipo titular juega 40 minutos contra el suplente. No. Él hace un parado con mucha pausa para asentar los movimientos hasta que el equipo los entienda, eso es muy diferente a lo que hacen los demás técnicos. Lo que más le interesa es que los jugadores sepan cuál es su función, cómo hay que moverse , reveló Francisco Fonseca, futbolista que ha sido dirigido por el argentino en El Tricolor y en Atlante. Hasta tres horas puede llevarse en terminar su partidillo previo al juego.

Por eso a Ricardo, al entrenador que gusta de ingresar a su área técnica ya con algunos segundos de partido en marcha, se le ve molesto, con el rostro descompuesto, haciendo rabietas cada que alguno de sus dirigidos deja de hacer un movimiento o realiza uno de más. Y es que según Kikín, La Volpe siempre ha tenido como prioridad el cómo ofender al rival, el buen trato del balón, tratar de salir jugando .

El buen futbol que llegaron a practicar Atlante -con título incluido en 1993-, Atlas, Toluca y la Selección Mexicana de la mano de Ricardo Antonio tiene sus bases en las horas dedicadas para transmitir su filosofía.

En su currículo no hay mucho que presumir, pero su herencia del futbol mexicano ha sido mayúscula, un legado que se ha vuelto una tendencia que lleva por nombre Lavolpismo. Una serie de entrenadores que siguen la propuesta ofensiva y de estilo de juego que ha mantenido Ricardo.

Se encasillan en este rubro a Miguel Herrera, José Guadalupe Cruz, Daniel Guzmán, Rubén Omar Romano, Wilson Graniolatti, entre algunos.

Es un apasionado de la táctica. Un día con Ricardo es de mucho aprendizaje. Y sí le gusta hacer mucha repetición, por eso se alarga varias horas un entrenamiento , agregó Fonseca.

La pasión del entrenador azulgrana se enfoca siempre en lo que deben hacer sus equipos, por ello prefiere pasar horas en su propia cancha y no frente a un monitor analizando videos de los rivales, situación que se presenta esporádicamente, según detallan personas que han trabajado con él en diferentes etapas.

Por todas esas horas invertidas son mayúsculos los corajes del argentino, que durante un partido sabe de sobra reajustar sus piezas, sin la necesidad de una pizarra, mucho menos iPad, con tan sólo el movimiento de tres de sus dedos, u ondeando sus brazos, siempre con una mirada intensa, penetrante. Todo eso es suficiente para dejarles claro a sus pupilos que se han equivocado y qué es lo que deben de hacer.

No importa el plantel con el que cuente, si gana, empata o pierde partidos, si califica o se queda en la orilla, pero lo único que sí es garantía de un equipo de La Volpe son los entrenamientos largos, intensos, el buen trato de balón, los movimientos coordinados, situación que muchos agradecen en la tribuna y que saca de quicio al argentino cada ocasión que no se efectúan las acciones que él ha ensayado.