Con el rostro enfadado, la tenista polaca Iga Swiatek azota su raqueta contra el suelo y después voltea a ver a su entrenador en señal de confusión. Está jugando su tercer y último partido de la fase de round robin de las WTA Finals 2021 sobre el suelo de Guadalajara, soportando una temperatura de 25 grados con sensación térmica de más de 30 por el intenso sol que pega a las 2:00 de la tarde.

Swiatek llegó a este último encuentro (contra la española Paula Badosa) dentro del grupo Chichén Itzá ya sin posibilidades de avanzar a las semifinales, pues perdió sus primeros duelos ante Maria Sakkari y Aryna Sabalenka. De igual forma, pero en el grupo Teotihuacán, Barbora Krejcikova llegó a su último juego sin opciones, algo que fue consecuencia de las dificultades de la adaptación al suelo mexicano.

“México en verdad que es un reto. En el mundo hay pocos torneos con una altura como la de aquí, en México se juegan torneos del WTA Tour en Guadalajara y Monterrey, pero Monterrey tiene la mitad de altura que aquí, no lo podría comparar con otras regiones”, describe a El Economista, Alejandro García Cenzano, entrenador certificado por la WTA y sparring oficial de las jugadoras durante los diversos campeonatos de la temporada.

El WTA Tour 2021 comenzó el 4 de enero en el Abierto 500 de Abu Dabi, en Emiratos Árabes Unidos, con una altura de 27 metros sobre el nivel del mar. Actualmente la temporada está cerrando con una diferencia brutal: a 1,566 metros, sobre la duela del estadio de tenis Akron, en Zapopan, Jalisco.

De los 58 torneos que compusieron el Tour 2021 (incluyendo los cuatro Grand Slams y los Juegos Olímpicos de Tokio), solamente tres sedes superaron los 500 metros de altura: Monterrey con 540, Guadalajara con 1,566 y Bogotá con 2,640, sin embargo los tres fueron de nivel 250, por lo que ninguna de las actuales participantes de las WTA Finals estuvo presente, salvo la mexicana Giuliana Olmos (en Monterrey en singles y en Guadalajara en dobles). Es decir, durante todo el año, las mejores representantes de singles y dobles actuaron incluso a menos de 200 metros sobre el nivel del mar.

“Por supuesto que la altura es desafiante, es difícil, pero también creo que se trata de algo de cuestión mental. Es una condición con la que tienes que lidiar desde las bases, en realidad estás enfrentando diferentes situaciones sobre la cancha y solamente tienes que encontrar la forma de adaptarte a ellas, si lo aceptas mentalmente es mucho más fácil, puedes hacer mucho más con las prácticas suficientes y adaptando tu equipo. Definitivamente hay estrategias específicas que empleamos sobre esto”, agrega Torsten Peschke, coach de la dupla entre Demi Schuurs (Países Bajos) y Nicole Melichar-Martínez (Estados Unidos) en las WTA Finals 2021.

Aunque las jugadoras llegaron hasta una semana antes del inicio de las Finals a Guadalajara (comenzó el 10 de noviembre), su adaptación física es un proceso que tarda entre cuatro y cinco días, con algunos movimientos extraños que generaron constantes botes muy altos durante los partidos.

¿Qué trabajos específicos has realizado en tu estancia en Guadalajara contra la altura?

“La verdad es muy particular, depende de cada juego, pero yo creo que trabajar mucho en el saque es muy importante, trabajar en tener un porcentaje más alto y menos errores tontos, la clave aquí con la altura es jugar bien concentrada cada bola, quizá no arriesgar demasiado cuando no tienes por qué. Hay que cuidar mucho la bola en general, porque te despistas un poco y las condiciones no te ayudan”, respondió la española Garbiñe Muguruza a este diario.

La polaca Swiatek fue un ejemplo al lidiar con dichas condiciones, aunque fue una declaración que hicieron las jugadoras desde sus primeros días en México: “Es difícil adaptarse, la pelota vuela mucho, no es como Indian Wells, podría pensarse que es similar, pero aquí es muy difícil tener el control de la pelota. Va intermedia, quizás un poco lenta, pero vuela más sin importar como es la cancha”, reflexionó la española Paula Badosa.

Los cuatro o cinco días iniciales fueron fundamentales, desde conocer el clima hasta preparar las estrategias, recalca Alejandro García Cenzano: “Las tenistas están acostumbradas a jugar más a nivel del mar o con poca altura o en sitios como Madrid, pero aquí hay más del doble de altura de lo que ellas están acostumbradas y al final notas que la pelota bota mucho. Para reducirlo, tienes que encordar (la raqueta) con diferente tensión, más alto. No es tan fácil adaptarse, tienes que acelerar mucho más la mano para que la pelota caiga”.

En otros casos, esto también se notó en un físico exhausto, como le ocurrió a Muguruza en sus primeros dos días en la ciudad tapatía: “Es difícil jugar, nunca había experimentado tanta altura, quizás hasta unos 700 metros. Es difícil acostumbrarse, el primer día aluciné un poco y la respiración se torna rápida, tienes que trabajar en eso y acostumbrar a tu cuerpo, pero siento que es difícil para todas”, dijo la española, que accedió a semifinales.

Badosa y Muguruza lograron superar la fase de round robin y continuar en la búsqueda del título, pero Swiatek no, aunque logró irse a casa al menos con un triunfo (7-5 y 6-4) ante Badosa en su cierre del martes a las 2:00 de la tarde, bajo el extenuante sol de Guadalajara. En su último cotejo, la polaca mostró más rallys y peloteos, un ritmo que le costó dos derrotas.

Justo la situación del horario vespertino fue otro factor en contra desde la perspectiva de los entrenadores, incluso más que la propia altura: “Jugar a esta altura está bien, pero quizás en un horario más tarde, como en la tarde noche, cuando la temperatura disminuye un poco, eso sería la adaptación necesaria para nosotros. Nos preparamos para no ser sorprendidos por las condiciones de aquí con dos semanas”, remató el coach checo, Torsten Peschke.