Lance Armstrong podría desaparecer del palmarés como séptuple vencedor del Tour de Francia el lunes, si la Federación Internacional de Ciclismo (UCI) decide confirmar la decisión de la Agencia Antidopaje Estadounidense (USADA).

Rara vez la decisión de una federación deportiva ha sido tan esperada. La UCI no hará pública su decisión en su sede suiza de Aigle e invitó a la prensa a un hotel de Ginebra, al otro lado del lago Leman, a las 13:00 horas locales.

El 24 de agosto, la USADA decidió borrar todo el palmarés de Armstrong desde el 1 de agosto de 1998 y suspenderlo de por vida de la competición.

Pero sólo la instancia dirigente del ciclismo mundial puede hacer válida esta sanción más allá del territorio estadounidense, sobre todo en referencia a las victorias del ciclista texano en el Tour de Francia entre 1999 y 2005.

"Salvo si el examen de los documentos muestra un problema importante, la UCI no tiene la intención de apelar" la decisión de la USADA, ha repetido en muchas ocasiones el presidente de la UCI, Pat MacQuaid.

La UCI esperaba antes que nada el informe de la USADA para verificar posibles problemas "de competencia y de prescripción", pero el organismo ciclista internacional ha recibido ya un tirón de orejas.

En su informe publicado el 10 de octubre, la USADA explica cómo el ciclista superviviente a un cáncer de testículos pudo destacar en el pelotón a golpe de inyecciones de eritropoyetina (EPO), de transfusiones sanguíneas y de píldoras de testosterona, y acusa de paso a la UCI de haber protegido a su campeón.

La USADA apuntó con el dedo a su expresidente, Hein Verbruggen, todavía presidente de honor, y no es tampoco muy tierna con su sucesor desde 2005, Pat McQuaid, quien en lugar de escuchar las confesiones de Floyd Landis, uno de los excompañeros de Armstrong lo llevó a juicio por difamación.

Si confirma la decisión de la USADA, el caso Armstrong estará cerrado a nivel deportivo y la federación tratará de pasar la página de los años negros del ciclismo. Pero el informe de la agencia estadounidense, que habla de "uno de los capítulos más sórdidos de la historia del deporte", se ha convertido en una versión oficial.

Pese al riesgo de ser acusada de seguir una vez más el juego a Armstrong, la UCI tiene también buenas razones para no confirmar la sanción y acudir al TAS en apelación.

Por una parte, para dar su versión de los hechos y, por otra, para pedir una sanción que se enmarque dentro de los mismos términos que los de otras grandes estrellas del ciclismo de la era Armstrong condenadas por dopaje, desde el español Alejandro Valverde al alemán Jan Ullrich.

El Código Mundial Antidopaje fija normalmente en ochos años la prescripción para las infracciones antidopaje y en cuatro como máximo la duración de una suspensión en primera condena. Pero la USADA ha decidido saltarse esas reglas por la razón de que Armstrong hizo de todo para esconder sus hechos fraudulentos.

A sus 41 años, el ciclista texano podría perder algo más que unas cuantas líneas en uno de los más extensos palmarés de la historia del deporte. De momento, ya ha dimitido de la presidencia de su fundación Livestrong y ha perdido varios patrocinadores, entre ellos la firma Nike, que le apoyaba desde 1996.

Financieramente, el excampeón podría también sufrir, ya que los nueve millones de euros de ganancias acumuladas sobre su bicicleta podrían serle reclamados.

Tras la justicia deportiva, el campeón del mundo de 1993 podría también tener problemas en el plano jurídico en Estados Unidos. Podría ser acusado de perjurio, por haber afirmado bajo juramento que no se había dopado nunca, con el riesgo de terminar en prisión.

El viernes, en una gala con ocasión de los 15 años de su fundación en Austin, Armstrong había citado a Martin Luther King y su "esperanza infinita". Una esperanza que reposa en la UCI.

EISS